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El Diario de Cantabria

El devenir de los acontecimientos

El rey Alfonso XIII, en su despacho.
El rey Alfonso XIII, en su despacho.
El devenir de los acontecimientos

Puesto que en este articulo me voy a referir al historicismo, intentaré definirlo. Y en mi opinión es una confrontación de acontecimientos pasados con los presentes; para cuál puede ser el devenir de estos.

Y así, después del desastre de ANNUAL en el que perecieron unos doce mil soldados españoles en Marruecos. Determinadas fuerzas e individuos utilizaron este «desastre» para acabar con la monarquía. Significándose en esta tarea de demolición el socialista Indalecio Prieto, cuando la única participación que se le pudo imputar en dicho desastre a Don Alfonso XIII, era su amistad con el general Fernández Silvestre.

Y fue solo el gobierno que presidia un político, y no el Rey, al que pudo y hubo de achacársele, la carencia de elementos que hubieran permitido a nuestras tropas superar los acontecimientos que desde IBERIGUEN y ANNUAL culminaron  en monte ARRUIT.

Pues bien; con el pretexto de la culpabilidad de Don Alfonso XIII, en el llamado «desastre», una serie de personajes que incluso habían sido ministros suyos en anteriores gobiernos, como: Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura se aliaron con la izquierda para pedir la dimisión del Rey. Y con motivo de unas elecciones municipales en las que ganó la derecha, le dieron un ultimátum, amenazando con que si no se iba de buen grado, emplearían la fuerza.

Produciendo «sonrojo», que uno de los Ministros de la Monarquía, el Almirante Aznar, llegara a decir a la prensa: «España se acostó monárquica y se ha despertado republicana». Cuando no había habido tal despertar. Y echaron al Rey. Unos por revanchismo contra actitudes personales de las que le acusaban. Y otros por cobardía, como el Conde de Romanones, Don Álvaro de Figueroa. Siendo la más notoria y humillante la del General Jefe  de la Guardia Civil Don José Sanjurjo Sacanell. Quien ante la súplica de Don Alfonso XIII para que le apoyará, le contesto: La Guardia Civil defenderá el orden, solo el orden».

En definitiva y como resultado de estas traiciones, y carente de apoyos, siendo relevante que ninguno de los generales que se sublevaron en 1936, le ofreciesen al Rey sustentar la monarquía con las fuerzas a sus órdenes, Don Alfonso XIII acordó la suspensión de sus funciones. Y no tengo la menor duda de que si se le hubiere apoyado, la Guerra Civil que cinco años después destruyó nuestra economía y cientos de miles de vidas, no hubiera tenido lugar.  

Y la justificación de Don Alfonso XIII, de que abandonaba su cargo para evitar que corriera la sangre entre Españoles, resultó una falacia, con la que confesó que le habían dejado solo. Y por ello es fácil adivinar la amargura con la que arrió la bandera del buque de guerra español que le había llevado a Marsella.

¿Y en que se pueden parecer los acontecimientos de hoy con la historia de los años 31 a 36?. En primer lugar con los desaforados intentos de obviar a la institución monárquica, que la Constitución Española de 1978 estatuye. Y ello es la perennidad de la monarquía como punto de encuentro y asidero de políticas, que por muy dispares que pretendan ser, no puede otorgárseles el derecho de anular dicha Constitución, como un obstáculo para sus fines, que no son otra que la búsqueda de la independencia por parte del País Vasco y Cataluña, así como «desmantelar» las bases político-sociales en que ha discurrido felizmente y en paz la historia Española desde 1939. Fines que no son otros que los de prescindir de la institución monárquica. De manera que lo que sucedió en 1931 pueda repetirse con motivo de cualquiera otra elección.

Pero la aceptación en 1978, de una constitución que instituía al monarca como árbitro y punto de equilibrio de los «avatares» políticos, no puede ser objeto de discusión por cuales quiera circunstancia adversa. Y ha de quedar claro  que quienes atacan a la Monarquía, lo único que pretenden es la Revolución.

Así es que las fuerzas del orden y la parte mayoritaria de la población española no puede aceptar, que se imponga el dilema de monarquía o revolución, y deben de constituir un bloque, que por encima de discrepancias ideológicas dada la transcendencia de este dilema, deben y debemos mantenernos firmes en que nuestra elección en virtud del voto expresado en 1978, ha de impedir cualquier ataque a la institución monárquica, dirigido a transformarnos en una Cuba, Venezuela o Corea del Norte.

El devenir de los acontecimientos
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