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El Diario de Cantabria
Juan G. Bedoya
10:23
2/05/19

Terrores

Los alzados van sufriendo consecuencias de sus actos. Están lejos de la mayoría en su territorio y apestan en la política nacional. ¿Quién podría negociar (nec otium: no negocio) con ellos? La Junta Electoral ha expulsado de la candidatura europea a Puigdemont, y a la dirección de JuntsxCat no se le ha ocurrido otra cosa que sustituirlo por un ex terrorista condenado a 14 años por secuestrar con ETA, en 1988, al empresario Emiliano Revilla. Y aún más espectacular: La ERC de Junqueras llega al Congreso abrazada a Bildu, los herederos de los criminales vascos. 

Lejos de mi intención poner en duda la reinserción del delincuente y su derecho a hacer política cuando haya cumplido la pena de la forma que haya sido. Si el notorio pistolero Arnaldo Otegi regresa, también puede hacerlo Gonzalo Boye. Uno mueve nogales en el País Vasco en beneficio del PNV; Boye repica campanas catalanas. 

Los amigos de Boye dicen que es un personaje digno de tener en cuenta, es decir, por su inteligencia y capacidad de relaciones. Hasta han hecho una película sobre su vida, con el título de su apellido: Sencillamente ‘Boye’. Lo cierto es que, rechazado como candidato Puigdemont por la Junta Electoral por su condición de fugado en rebeldía, Junts per Catalunya (en español: Juntos por Cataluña pese a estar tan partidos), lo ha consagrado sustituto del jefe fugado. Lo acompañan el ex alcalde de Barcelona Xavier Trias y la ex militante socialista Beatriz Talegón, en los lugares que iban a ocupar los también fugados Toni Comín y Clara Ponsatí.

Es una candidatura explosiva por poco que tengamos memoria. Beatriz Talegón tampoco es una política cualquiera desde sus tiempos de pepito grillo de socialistas contemplativos con la corrupción, como Zapatero, Pepiño Blanco y otros cercanos. También fue Talegón implacable con los independentistas, comisionistas o no. De pronto, es su candidata, nada menos que al lado de Boye. «Que quien ha estado en la cárcel por colaborar con un secuestro de ETA venga a dar lecciones sobre libertad, tiene su guasa. Eso sí que es humor», sentenciaba hace dos años Talegón sobre Boye, que entonces era un pez gordo de un diario digital de éxito y una revista satírica estupenda.

Boye tampoco se quedaba corto en las diatribas, echando en cara a Talegón mil fechorías. Pero colmó la irresponsabilidad con este tuit: «Háztelo ver, igual te lo solucionan». Talegón alzó ese día la virulencia por donde más dolía: «Seguro que conoces gente que ‘soluciona’ ‘problemas’ de manera ‘eficaz’. ¿A que sí?». Remontaba a los tiempos en que su ahora compañero de candidatura, recién llegado de Chile, donde había nacido en 1965, militaba en un movimiento supuestamente revolucionario (matar es siempre reaccionario) que cooperaba con ETA en secuestros y extorsiones. Condenado por uno de ellos a 14 años de prisión (el empresario Emiliano Revilla estuvo 249 días en cautiverio y pagó millones por su libertad), Boye cumplió seis de condena y cursó en la cárcel la carrera de Derecho.

La realidad es que los nacionalismos vasco y catalán jamás han hecho ascos al terror para conseguir sus metas. ETA meneaba el nogal (mataba) y la burguesía vasca recogía las nueces. Esa fue la metáfora de Arzalluz. Pujol también miró para otra parte ante otros terrores. Los de ahora tienen de jefazo sindical a un matarife y elevan a sustituto de Puigdemont a un secuestrador. Pésimos compañeros de cama. 

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