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El Diario de Cantabria
Juan G. Bedoya
15:28
23/04/19

Puigdemont ‘asesinado’

Puigdemont ‘asesinado’

La semana que llamamos santa da mucho juego, a veces con espectáculos de presidio si volviera la Inquisición. Una comerciante de chucherías en Cádiz ha tenido que advertir a su clientela extranjera de que los encapuchados de la procesión local nada tienen que ver con el Ku Klux Klan de la América racista. Habría que haber hecho el mismo aviso en Coripe. Cada año, los vecinos disparan sobre su Judas particular, en el pasado muñecos de Urdangarín, Aznar o Barbara Rey. Este 2019, el pim pam pum ha sido Puigdemont. «¡Asesinado», claman los alzados. Gran lío.  

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¡Asesinato del Molt Honorable President Puigdemont!!», clamaban ayer los foros extremistas vinculados a Puigdemont, a Torra y a la ultraizquierda. Apestaría esta página si reprodujese los epítetos lanzados contra lo español. Contra Coripe, ni les cuento, todo ello pese a que, muy pronto en la mañana, la candidata del PSOE por Barcelona, la ministra Meritxell Batet, criticó la barbaridad procesional, pero también «quemar la imagen de una persona, impedir actos electorales o cualquier otro tipo de comportamiento intolerante».

En plena Sierra de Algodonales, Coripe fue cartaginés antes que romano, y después pasó por las manos de los vándalos y los visigodos, hasta que llegaron los musulmanes y, más tarde, por fin, los españoles cañí. Es un decir. Por allí, a seis kilómetros del pueblo que hoy habitan no más de 1.340 personas, tuvo lugar una de las batallas más importantes de la historia que llamamos nuestra, la batalla de Guadalete (en el 711). Puso fin al reino visigodo por la mala cabeza de los hermanos Witiza, y supuso la llegada de los musulmanes, que camparon por acá unos cuantos siglos.

 ¿A quién de tantos antepasados atribuimos la burrez del fusilamiento de Judas&Puigdemont? Lo cierto es que los vecinos se divierten con esas cosas, pese a ser un día religiosamente triste, como por otros lugares se ejercitan alegremente otros vecinos con otras crueldades. Pero el independentismo, brutal con la oposición, se ha tomado el maltrato al muñeco del president fugado como si les fuera la vida (o la república) en ello. Piden reparaciones, amenazan querellas y han pintado de improperios la sede del Partido Socialista, en venganza.

 Es el victimismo tradicional de los alzados, «la España que no nos quiere». Muy mal está lo de Coripe, por hortera y nada cristiano (si cristiana debe ser una procesión tan tonta en semana santa), y no sobraría que el alcalde de la localidad, socialista, pidiera disculpas. Resulta más extravagante que el mayor de los ofendidos sea el presidente en funciones Quim Torra. Ha dicho que acudirá a la Fiscalía del Estado para que «investigue» los hechos. Bien. Quizás haga lo mismo, a partir de ahora, cuando sus violentos acosen a los diputados de la oposición (los modernos lo llaman escraches), o se quemen ante sus narices retratos del Jefe del Estado.

 Durante los últimos meses, ha habido ataques a más de doscientas sedes socialistas, del PP o de Ciudadanos, la de este último partido la misma noche del domingo pasado aunque con menos agresividad que contra el edificio del PSC. «Ya es hora de que estos señores condenen cualquier cosa que nos pase a los que no pensamos como ellos», les reprocha el PSOE por boca de Miquel Iceta. Le faltó  llamar por su nombre esos actos. Fascismo. Nazismo. Hitler empezó atacando las sedes de los partidos de oposición y acabó fusilando a sus líderes en campos de concentración.

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