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El Diario de Cantabria
Juan G. Bedoya
11:06
22/04/19

Por la mitad

Empezaba el juicio y había expertos que pronosticaban que no sería posible demostrar que los alzados cometieron un delito de rebelión, ni de sedición, ni de desobediencia, ni siquiera malversaciones de caudales públicos. Se les va helando la sonrisa. Han declarado la mitad de los testigos (serán unos 500 al final), y todo va pareciéndose en la sala del crimen a lo que vimos en las calles de Cataluña los días del alzamiento. Acaba la Semana Santa y llegan los testigos de las defensas. Dirán cómo fueron golpeados por las fuerzas del orden, apaleados, rotos. Oiremos. 

Iban cerrándose las testificales de agentes de orden sobre el calvario que sufrieron para ejecutar la orden judicial de impedir el referéndum, y se produjo un momento sublime. Abogado de Junqueras: «¿Y no recuerda que los ciudadanos allí concentrados les regalaban claveles y cantaban ‘Somos gente de paz’»? Agente: «Lo que recuerdo es que nos llamaban fascistas e hijos de puta y nos lanzaban patadas».

Las defensas han ido perdiendo la paciencia ante tantos testimonios de violencias. Ninguno tuvo consecuencias graves (no hubo muertos, como deseaban, quizás, los Puigdemont y Junqueras), pero los relatos reflejan una realidad incontestable. En los colegios donde curas trabucaires y ‘mossos’ emboscados escondieron urnas o las aportaron de madrugada, hubo violentos bien pertrechados, y mujeres vestidas para misa de doce que cantaban insultos que los abogados querrían convertir en balar ovejuno. «Besss, tú eres ahora mi único amor…»

Pero no. Lo que sufrieron los agentes era: Uno: «Cuando caí al suelo, recibí una patada y puñetazos; me quedó la cara llena de contusiones». Dos: «Noté una patada en los testículos que fue brutal. Me fui a por él, pero se zafó. La gente le ayudaba» Tres: «A mi compañero le quitaron la urna a puñetazos y cuando fui a ayudarle, me dieron con la urna en la cabeza».

Han testificado 186 agentes, y los fiscales tienen probado que las movilizaciones organizadas por los alzados antes, durante y después del referéndum no fueron festivas, sino proyectadas para producir un alzamiento violento. En tales hechos se fundamenta la Rebelión. Las defensas se esforzarán desde hoy en demostrar, con testimonios de particulares, que todo fue consecuencia de las agresiones recibidas a manos de las Fuerzas de Seguridad.

Pedro Sánchez ha ordenado rebajar la acusación de Rebelión a un delito de Sedición. Lo hizo a través de la Abogacía del Estado, previa dimisión del abogado jefe, Edmundo Bal, en desacuerdo. «Para que haya rebelión, la violencia y la fuerza tienen que estar en el diseño de la operación», dijo Sánchez. Meses antes había afirmado lo contrario.

¿Meros «desórdenes públicos» la supresión de una autonomía, la proclamación de una independencia, la declararon de una república? Debió leerse el Código Penal antes de opinar de esa manera. Artículo 472: «Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución; disolver cualquier Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma; declarar la independencia de una parte del territorio nacional…». Incluso si se rebaja la calificación a un delito de Sedición, del artículo 544, la gravedad es suprema: «Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes…». ¿Penas? Muchos años de cárcel, de diez para arriba, por debajo de 25.

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