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El Diario de Cantabria
Juan G. Bedoya
09:41
11/05/19

Lupus et agnus

El presidente de la Comisión Europea, Juncker, lamenta ahora el error de callarse durante el referéndum británico sobre la permanencia en la unión. «Habríamos sido los únicos en desmentir las mentiras», ha dicho. A buenas horas, mangas verdes. El Brexit es una gran desgracia para Europa, pero, sobre todo, para el Reino Unido. Es el pueblo quien paga las barbaridades de sus dirigentes. Ocurre lo mismo en Cataluña. Los alzados no paran de mentir, y el Estado calla. Calla el Rey, calla el Gobierno, calla el Poder Judicial, calla Zapatero, calló Rubalcaba, calló Guerra...

Me refiero a los silencios oficiales. El pueblo opina y se enfada, pero es el Estado quien debe tronar contra las calumnias de los alzados. El ministro de Exteriores, Borrell, acaba de enviar a 200 diplomáticos a predicar por el mundo en defensa de España. A buenas horas, también. No son los apóstoles los que deben hacer frente a las mentiras de la Generalitat y sus voceros. Deben ser los priores, también el Tribunal de Cuentas, cobarde ante las desviaciones de fondos públicos por los independentistas.

Vuelvo a las cobardías oficiales. Alfonso Guerra era el presidente de la Comisión Constitucional que tramitó el estatuto de Cataluña que desbordaba la Constitución. Calló ante el despropósito. Ahora ya es un particular y critica. Hay que hablar cuando hay que hablar, a diario si hace falta, sin dejar pasar una mentira.

Lo mismo digo de Zapatero y del vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, por quien la política guarda luto. Atrapados por Pasqual Maragall, tramitaron con irresponsabilidad el estatuto que les llegó desde Cataluña. De aquellos polvos vienen estos lodos. Jean-Claude Juncker lamenta haber callado ante el Brexit. Ojalá los mudos españoles tomen nota. La semana trece en la sala del crimen del Supremo coincide con el inicio de la campaña para renovar el Parlamento Europeo y con una petición extravagante de las defensas. Cinco de sus presos son parlamentarios y quieren que se suspenda el juicio para tramitar un suplicatorio al Congreso y al Senado. Argumentan que los electos tienen inmunidad. Cierto es que un parlamentario en Cortes no puede ser juzgado sin el trámite de un llamado suplicatorio y la correspondiente autorización del Congreso o el Senado. Olvidan que sus delincuentes (pongamos presuntos, tópico tonto) cometieron las tropelías va para dos años.

Cuando oí a los abogados, que también suelen darse a la mentira con regocijo, recordé la fábula del lobo y el cordero. Era la preferida de don Domingo Muñoz, el magnífico catedrático de Latín en el Instituto Santa Clara donde me hice bachiller. La recuerdo más en latín que en castellano: «Ad rivum eundem lupus et agnus venerant, siti compulsi. Superior stabat lupus, longeque inferior agnus...». El lobo y el cordero van al mismo río, presionados por la sed. El lobo estaba en la parte más elevada, y a distancia en la parte inferior estaba el cordero. Lobo: «¿Por qué me has ensuciado el agua?». Cordero, temeroso: «¿Cómo puedo hacer eso, lobo? El agua corre abajo desde ti hacia mí». Lobo, ridiculizado: «Hace seis meses me insultaste». Cordero: «Hace seis meses no había nacido». Lobo: «Tu padre, por Hércules, me insultó».

Desenlace: Lobo come cordero. «Haec propter illos scripta est homines fabula qui fictis causis innocentes opprimunt». Esta fábula está escrita para los hombres que oprimen a los inocentes por causas inventadas.

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