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El Diario de Cantabria
Juan G. Bedoya
14:57
1/04/19

La región de las mentiras

La región de las mentiras

El economista Moisés Naím, nacido libio, venezolano de nación y judío por familia, además de ex director Ejecutivo del Banco  Mundial, acaba de hacer un riguroso recuento de la mentira mundial. Por ejemplo, los promotores del desastroso Brexit mintieron para ganarlo, y en su primer año, el presidente Trump dijo de promedio seis mentiras cada día; 16 falsedades en el segundo, y lleva 22 mentiras diarias de promedio en lo que va de 2019. Hugo Chávez lo hacía cada semana en ‘Aló presidente’. Los independentistas catalanes los superan. Lo pagan con prestigio, violencia y crisis.  

El recuento de las mentiras de Trump lo hace ‘The Washington Post’, el periódico que derribó a Nixon por el caso Watergate.  Sobre el Brexit, habían pasado unos días del triunfo en el referendo de los que decían que la Gran Bretaña viviría mejor fuera de la UE, cuando se supo que sus promotores habían exagerado los beneficios y minimizado los costos. Lo está pagando el pueblo. Los promotores de la mentira están desaparecidos, escondidos con vergüenza, sin prestigio.

Se cree que el 47% del pueblo catalán que vota (apenas un 37% sobre censo) querría la independencia. Mentira. Los alzados que se sientan en la sala del crimen convocaron un referéndum en el que se podía votar cuantas veces se quisiera y donde te diera la gana, hasta en las sacristías católicas y catódicas. Contaron apenas dos millones de síes. Los independentistas de toda condición (desde la extrema derecha al anarquismo de pistolón) suman más diputados que los constitucionalistas, pero fue Ciudadanos el grupo más votado. Todo ha ocurrido por el hundimiento de los partidos clásicos, también mentirosos. Lo vemos en esta precampaña. Por boca de los líderes nacionales no diré que salen mentiras a diario, pero sí exageraciones. Exagerar también es mentir.

Veamos cómo se ha informado del atribulado mitin de Vox en Barcelona. Vox es la extrema derecha de la política española, como Podemos es su extrema izquierda, si clasificamos a los grupos por cómo se sentaban en la Asamblea de la Revolución francesa, los más radicales arriba a la izquierda, los más realistas, arriba a la derecha. Los extremos se tocaban, como en la España de ahora.

De ahí a tachar de fascista a Vox, o de estalinista a Podemos, va un trecho que los periodistas que lo caminan lo hacen mintiendo. ¿Acaso ignoran qué fue el fascismo y el estalinismo? ¿Cómo se las traía Franco cuando desnucó al Estado y en la terrible larga postguerra? Quienes hemos sufrido antaño a la extrema derecha en Pamplona o Santander, con palizas policiales, quema de nuestros coches, incendios en la librería Puntal de Ramón Viadero y la dichosa bomba con dos kilos de Goma-2 en Hoja del Lunes de Santander a mi nombre, sabemos que Vox no es aquella extrema derecha matona de los Guerrilleros de Cristo Rey y Fuerza Nueva, sino una escisión del PP, quizás los discípulos predilectos de Fraga Iribarne si el temperamental ministro de Propaganda con Franco volviera de sus infiernos.

Mintió el periódico que ayer tituló «Grupos antifascistas intentan boicotear el mitin de Vox en Barcelona». No eran grupos antifascistas, sino los jóvenes fascistas del ‘nazionalismo’ catalán, nazis de tomo y lomo. Querían impedir el libre ejercicio de un grupo político legal. Quim Torra y Ada Colau  reclaman libertad de expresión. Los suyos la atacan con cócteles Molotov.

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