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El Diario de Cantabria
Juan G. Bedoya
08:27
31/03/19

Demócratas desteñidos

Demócratas desteñidos

'El Gran Dictador’, de Charles Chaplin, no pudo estrenarse en España hasta muchos meses después de la muerte de Franco. En una escena, Hitler reprochaba a Mussolini que se está volviendo un blando. Franco debió (de) darse por aludido. «¡Demócratas desteñidos!», los insultaba el criminal alemán. En España los hay a montones. Ahora critican a la Junta Electoral por exigir neutralidad a los medios públicos catalanes en período de elecciones. Dicen hacerlo en nombre de la libertad de expresión. Cómplices del carlismo independentista, en realidad desprecian las leyes vigentes, también a la Constitución. ¡Periodistas desteñidos! 

No hay elecciones libres sin igualdad de oportunidades para todas las candidaturas. Es un principio universal. Si periodistas o comentócratas lo ignoran, que se vayan a Irán, a Argelia, a la vieja Unión Soviética. Retornen también a

la España de Franco. Hubo aquí, esos años, elecciones y referendos. La diferencia con una democracia limpia es que no había igualdad de oportunidades. Peor aún: la oposición estaba en el exilio, en la cárcel o en los cementerios. Por si acaso, el dictador se reservaba los medios de propaganda. En el referéndum de 1966, el Goebbels de Franco, ministro de (des)Información y Cinismo Manuel Fraga, prohibió que se hiciera campaña por el No. ¡Con todos sus poderes! Y en las elecciones de procuradores a Cortes y en las municipales de 1973, solo podían votar los tercios familiares y sindicales, y solo eran candidatos los que decidieran los gobernadores civiles.

Prohibir a los independentistas catalanes que usen medios y dineros públicos en su beneficio electoral es más que lógico. Es, sobre todo, legal. No es la primera vez que ocurre. Cuando la Generalitat quiso hacerse publicidad en las elecciones de 2016 en los medios privados (pagando favores a unos, castigando a otros), la JEC se lo prohibió. Algunos medios pusieron el grito en el cielo, como ahora los periodistas desteñidos. La realidad era grosera: Perdían cientos de miles de euros de dinero público. Miserias de la profesión. 

«La utilización por los profesionales de la cadena pública de las expresiones ‘govern a l’exili’ y ‘consellers exiliats’, como recurso periodístico de estilo, ha infringido el artículo 66 de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) y específicamente el principio de neutralidad informativa, y en lo sucesivo deberán abstenerse de su utilización», sostiene la Junta Electoral. Se discute si un medio público, pagado por todos los españoles (solo en TV3 y Cataluña Radio, 400 millones cada año), puede decir mentiras el resto del año. Claro que puede. Las que quiera. En el caso del independentismo catalán, cuantas más mentiras mejor. Ese es su desprestigio. 

También pueden decir mentiras los medios privados, todas las que quieran, todo el año, también en las campañas electorales. Cuando los periodistas desteñidos claman contra la Junta Electoral porque, según ellos, aplasta libertades, olvidan ese detalle. Los medios privados, que son cantidad, pueden decir lo quieran. Se cuidan de hacerlo. Se juegan el prestigio: Se juegan lectores: Se juegan dinero. 

Post Data: Saltando por encima de la Constitución (artículo 2), el socialista Iceta dice a los separatistas que la independencia es posible si son pacientes. Basta con que alcancen el 65% de partidarios. TV3 es la pieza principal, el viejo topo del que hablaba Marx. Y los cagatintas, en la luna. 

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