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El Diario de Cantabria
Juan G. Bedoya
07:36
5/05/19

Arzobispo trabucaire

Arzobispo trabucaire

¿A qué juega Francisco nombrando nada menos que arzobispo de Tarragona a Joan Planellas Barnosell, un cura raso, independentista radical, un teólogo intrascendente? ¿Qué ha opinado el Gobierno Sánchez, a quien el Papa estaba obligado a consultar la idoneidad del elegido? Rajoy impidió que el Vaticano colocase a un nacionalista en el arzobispado de Barcelona, forzando al pontífice a encontrar al aragonés Omella. Pedro Sánchez, o no se entera, o traga con gran irresponsabilidad, sin resistirse, a un supremacista trabucaire nada menos que en la sede primada catalana. Algo huele mal en el nombramiento.

Volem bisbes catalans», han clamado siempre los catalanistas, también los ateos. «Queremos obispos catalanes». Los Gobiernos se han resistido. Rajoy hizo tantas objeciones que Francisco fue descartando candidatos para Barcelona, hasta lograr el plácet para 

Omella. ¿Qué ha hecho Sánchez? Ha aceptado sin rechistar a un arzobispo que, cuando era un simple párroco, colocó esteladas en los campanarios, escondió urnas, permitió que se votase en sacristías y repicó campanas por la independencia. 

Una feligresa protestó al obispo para que llamara al orden al párroco. Planellas se justificó, por escrito: «La estelada se puso porque el pueblo la pidió. Que se pongan la bandera española en su casa, si quieren». Si no dijo «¡que es fotin!», que se joda la feligresa, sería por no pecar. ¡El pueblo por testigo! Pilatos mandó crucificar al fundador cristiano porque el pueblo se lo pidió. 

Los obispos controlan en cada diócesis a los sacerdotes. Tienen título de pontífice, viven en palacios y sus salarios los paga el Estado español. Hay 83, de los que 16 son arzobispos (del griego arche>episkopos: primer vigilante), con especial relevancia los de Toledo y Tarragona, ‘sedes primadas’. Subrayo con estos datos lo extraordinario que resulta que un cura raso sea nombrado nada menos que arzobispo, sin pasar por el trámite del episcopado, y nada menos que titular de la Provincia Eclesiástica Tarraconense, que agrupa a las diócesis de Girona, Lleida, Tortosa, Vic, Solsona y Urgell, esta última con autoridad sobre Andorra con el ridículo título de ‘Copríncipe”. 

¿Por qué Francisco elige capitán de una archidiócesis con tanto pedigrí a un simple sacerdote, para colmo envuelto en polémicas poco cristianas? Es la primera vez que ocurre en España, que recuerde, al menos en los últimos 40 años (con Franco, pudo pasar, pero estaba prohibido saberlo: era él quien los imponía, algunos con pistolón). 

Uno de los ‘Acuerdos’ firmados por el Gobierno Suárez con el Vaticano, con la intención, nunca lograda, de acabar con los privilegios del nacionalcatolicismo franquista, dice que el nombramiento de obispos es de la «exclusiva competencia» de la Santa Sede, pero que «antes notificará el nombre del designado al Gobierno, por si existiesen objeciones de índole política general». 

Eso dice lo concordado entre Estados. El Gobierno no tiene derecho de veto porque «la valoración [de posibles objeciones] corresponderá a la prudente consideración de la Santa Sede», pero cuesta creer que Francisco no haya hecho caso al Ejecutivo socialista si éste puso alguna objeción al cura trabucaire. Nunca lo sabremos. Aunque parezca increíble, existe en el ‘concordato’ vigente este artículo: «Las diligencias correspondientes se mantendrán en secreto por ambas Partes». Por cierto, al viejo concordato lo llaman ahora ‘Acuerdos’. Les quemó el concepto. Los últimos con ese nombre los firmó la llamada ‘santa sede’ con Hitler, Mussolini y Franco. 

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