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El Diario de Cantabria

El triunfo de mucho más que un equipo de fútbol

La afición del Athletic celebra desde los balcones la consecución de la Supercopa de España de fútbol tras ganar la final jugada ayer en Sevilla frente al FC Barcelona, hoy lunes en Bilbao EFE/JAVIER ZORRILLA
La afición del Athletic celebra desde los balcones la consecución de la Supercopa de España de fútbol tras ganar la final jugada ayer en Sevilla frente al FC Barcelona, hoy lunes en Bilbao EFE/JAVIER ZORRILLA
El triunfo de mucho más que un equipo de fútbol

ES muy difícil no ser del Athletic, no dejarte arrastrar por ese espíritu que va tan ligado a algo tan intangible como los sentimientos, no ya hacia un club, sobran los ejemplos, sino hacia la tierra que los sustenta, hacia el corazón que late en ella y que nos acompaña a lo largo de la vida. Eso tan solo se puede lograr cuando se establece un nexo, un hilo invisible, que une los colores que defendemos a la tierra que los representa.

Esta tela de araña de amor solo se puede entretejer cuando todos los que forman parte de un proyecto común se identifican con él y, durante el partido de la final de la Supercopa, eso fue exactamente lo que muchos sentimos y lo que nos hizo ser una vez más del Athletic de Bilbao.

No había más que ver a los jugadores, primero durante el desarrollo del juego y, después, durante la celebración. Todo iba mucho más allá de lo que tantas veces estamos acostumbrados a ver; había emoción verdadera, se desprendía algo que tan solo es capaz de darnos un sentimiento que arraiga en lo más profundo, muy alejado de las explosiones de felicidad de las hinchadas habituales.

Esta vez le tocó ganar al Athletic, pero cuántas veces no lo consiguió, cuántas veces hubo de conformarse con verse en lo más bajo de la tabla clasificatoria. Precisamente ese espíritu que los define y que tanto admiramos algunos, los hizo seguir adelante sin variar un ápice el camino elegido, el que saben que ha sido capaz de establecer una conexión indeleble con la tierra, con su tierra. Un lazo que empieza por sus directivos, se extiende por los jóvenes que aspiran a jugar un día en el primer equipo y culmina con la comunión existente entre los jugadores profesionales y la afición. Nada es por casualidad, pero por encima de todo, sobrevolando la cabeza y los corazones de todos ellos, está el amor por su tierra, la verdadera argamasa que cimenta una pasión común. Precisamente lo que le falta a tantos clubes.

Yo que he sido y soy un racinguista que comenzó a ir al viejo Sardinero a los cuatro años, que vio y vivió aquel Racing desde niño, que lo vio incluso en Tercera División, que ha podido disfrutar de la cierta rivalidad que tuvimos con el Athletic, me siento triste cuando veo cómo desde hace ya muchos años se ha ido destejiendo ese ovillo que nos mantenía unidos, que mantenía al equipo injertado a la tierra, con una gran mayoría de paisanos jugando en sus filas. He visto apenado cómo se ha ido enmarañando en una madeja muy difícil de desenredar, tanto que a muchos nos ha hecho desistir al no encontrar en el club, en el equipo, lo que tanto anhelamos, lo que el Athletic destila a raudales.

Nunca es tarde, siempre se puede ir soñando caminos y tal vez algún día encontremos ese sendero que muchos estamos deseando atisbar, que muchos queremos ver despejado. Nunca es tarde, porque como decía don Antonio Machado «hoy es siempre todavía».

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