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El Diario de Cantabria

De mirlos blancos y miruellos

Mario Pellon
Mario Pellon
De mirlos blancos y miruellos

Avanza el mes de octubre y languidecen los días, que recibirán este fin de semana la puntilla del cambio de hora en busca de la noche más larga, completar así el año y el ciclo vital y volver a comenzar. Languidecen a la par las competiciones de bolos que este fin de semana quedarán prácticamente finiquitadas, a la espera de una última jornada de liga de División de Honor que, a lo sumo, solamente tendrá el aliciente de saber quien será subcampeón tras Peñacastillo Anievas Mayba, un mérito menor, para nada desdeñable. Una plaza que está en las manos de los jugadores de la peña Los Remedios de Guarnizo, como ya lo hicieran en 2018, aunque matemáticamente todavía los de Torres, Noja -que a pesar del ruido de cañones se han recuperado consiguiendo diez de los últimos doce puntos en juego- y Loredo tengan posibilidades. Como curiosidad, reseñar que debutaron en esta jornada Agustín Fernández en la peña San Jorge y Senén Castillo en Peñacastillo -ya han intervenido 71 jugadores-, y que solamente quedan por estrenarse Edu Herrera en Los Remedios -seguramente condicionado por la esperanza de ese subcampeonato- y Sebi Iturbe, que lo tiene más complicado porque no está totalmente recuperado de su lesión de espalda.

En tan solo diez días pondremos punto final a una temporada que quedará marcada en nuestras vidas, como quedará marcado este año 2020 tan difícil. Qué poco podía imaginarse Merche Viota lo que estaba por llegar cuando en la portada del habitual cuadernillo dedicado a la presentación de la liga de División de Honor, a primeros de febrero, jugando con los números y los metros, titulaba «2020, una temporada de tiro largo». ¡Y tan largo! Afortunadamente el tesón y el esfuerzo de unos pocos, contra viento, marea y algunas voces recriminatorias, ayudó a poner en marcha toda la maquinaria y aunque un tercio de las peñas decidieron no participar en esas duras condiciones, las otras, arrastradas en masa por la APEBOL, dieron el sí quiero y dieron paso a una temporada que, salvo los circuitos y los concursos, se ha solventado con éxito y normalidad. Normalidad no exenta de sustos, como los de Comillas y Campoo de Yuso, y no exenta de ciertos desajustes en los calendarios previamente señalados. Con todo, lo difícil ya está hecho pero me temo que otras duras pruebas están por llegar porque la realidad es tozuda, las autoridades sanitarias más, y todo hace indicar que el comienzo de la nueva temporada supondrá nuevos sacrificios, nuevas decisiones, y entonces lloverá sobre mojado y las soluciones no serán nada sencillas.

Por el momento, a disfrutar de lo bailado y a felicitar a todos los que han puesto su granito de arena en esta magnífica montaña. Y a disfrutar de lo poco que nos queda por bailar: la Copa Federación Española, que llega hoy a semifinales y que el domingo, en la bolera de El Paraíso del Pas, pondrá en juego un nuevo titulo para las peñas de la APEBOL; la jornada 25ª y anteúltima de la liga DH; el Regional de Veteranos por parejas en Quijano y los Campeonatos de España de 3ª categoría, en la bolera Chopos de Torrelavega y el Femenino en La Granja de Polanco, ambos el domingo, que se llevarán a la Severino Prieto y Jesús Vela respectivamente en caso de mal tiempo.

Ahora que la actividad bolística decae me da por la ornitología y por ello, fuertemente equipado para la ocasión, el sábado me acerque a Cerrazo con la sana intención de pillar al descuido un mirlo blanco. Anda que no habrá otros motivos más sencillos para acercarse al bar Cuesta, aunque si lo cortés no quita lo valiente, el mirlo blanco tampoco quita una buena merienda. No es una afición nueva sino una remembranza de tiempos ya muy lejanos cuando, todavía en pantalones cortos -hasta los catorce o más no llegaban los largos- dedicabas el tiempo libre a jugar a los bolos -si los mayores dejaban la bolera libre- o a cazar y pescar pájaros. Sí, he dicho «cazar y pescar», algo que seguramente pueda llamar la atención a los lectores más jóvenes. La caza significaba muerte, sacrificio, la pesca, por el contrario, tenía la intencionalidad de la privación de la libertad, la jaula. Y cada una tenía su técnica y sus instrumentos. Para cazar necesitabas un tiragomas -tirachinas me suena muy raro- que tenías que construir. Tenías que buscar, en las cerraduras de arbustos, una buena manilla en forma de y griega, luego hacerte con una cámara de neumático, un poco de cuerda bramante -cuerda de bala lo llamábamos- y con bastante maña tenías lista tu arma para cazar -mejor dicho intentar cazar porque no recuerdo haberlo conseguido- los tranquilos y orondos mirlos, malvises o gorriones y más difícilmente los ligeros y ágiles pinzones, pisonderas y no te digo los inquietos cascaretes. Recuerdo ahora que en uno de mis viajes por la Europa de los Juegos y Deportes Tradicionales, me encontré en Flandes, frontera con los Países Bajos, una competición de tiragomas, siendo canicas los proyectiles lanzados sobre unas dianas con distinto valor según tamaño. No me impresionó mucho porque en mi pueblo todavía hay un grupo de mozalbetes -discípulos de don Tomás que ya pasan de los cincuenta- que con esa disculpa se reúnen anualmente para pasar una buena jornada recordando aquellos maravillosos años infantiles.

La pesca necesitaba menos artilugios y más paciencia. Tapabas con helechos la zona de agua de un manantial cercano a la bolera, dejando una pequeña superficie libre, a modo de piscina, en la que colocabas unas hierbas impregnadas de pegamento o liga. Llegaban jilgueros y verdelones, aves canoras muy apreciadas, se posaban en la hierba para saciar la sed y rápidamente se encontraban prisioneras en una jaula. Si lo anteriormente descrito supone hoy algún delito, además de pedir escusas, espero de la justicia ser exonerado por los años transcurridos y por las circunstancias propias de una época que felizmente nos tocó vivir.

Pero mi artículo es de bolos y me he dejado llevar por la nostalgia y acercado a los cerros de Úbeda, cuando yo quería ir mucho más cerca, a otro pequeño y cercano cerro, al vecino pueblo de Cerrazo, en lo alto del Real Valle de Reocín. La decisión de ir el sábado allí no era para matar pájaros, ni tan siquiera de pescarlos, sino algo mucho más noble y mejor visto en estos momentos, como observar la posible presencia de un ave muy rara, que pocas veces se encuentra, un mirlo blanco. Y vaya que lo conseguí.

Se jugaba allí el Campeonato de España Juvenil, organizado con brillantez por la peña J.Cuesta y el tiempo, el buen tiempo, se sumaba a la fiesta. La organización de un torneo en Cerrazo es siempre una garantía pero en esta ocasión debo decir que lo bordaron, tanto en los aspectos técnicos de la bolera como otros muchos detalles, entre los que quiero destacar algo que hará que este campeonato sea un modelo a seguir en años venideros. Con un gran esfuerzo, el equipo capitaneado por Darío Bustamante -el presidente Luis tenía otras muchas obligaciones-, ofreció a través de las redes sociales una amplia, gráfica -excelente diseño-, novedosa y puntual información. Mi enhorabuena, que ya hice pública ese día. Una buena organización que tenía el aliciente añadido de contar con dos jugadores de la casa, Mario Pellón y Marcos Lavín, y la muy posible hazaña de que el pequeño de los Pellón consiguiera su quinto título en este mismo año, algo que solamente estaba en manos de otro mirlo blanco, Gabriel Cagigas, en 2010. No comenzaron bien las cosas para Mario (107) pero mientras él se rehacía de las cenizas los demás fueron apartándose -como si de El Cid Campeador se tratara- de su camino en las siguientes tiradas, entre ellos su hermano mayor, Ángel, y quedando reducida la lucha a su amigo y compañero Miguel Ruiz. Había caído ya la noche y las luces iluminaban suficientemente el corro, los pájaros comunes, los gorriones que habían pasado la tarde en la huerta de Fino y Pilar, se refugiaron en los grandes plátanos de sombra que circundan la bolera José Cuesta, pero nada me impidió ver, al cabo de tantos años, otra rara avis, otro mirlo blanco.

Mario Pellón, torrelaveguense con ascendencia pasiega, el nuevo mirlo blanco de los bolos, cumplirá este mes diecisiete añitos. Salido de la Escuela de Mosquera, a la que se apuntó un poco tarde, consiguió el año pasado cuatro títulos en Cadetes -fue segundo en el Regional tras Rubén Odriozola, otro mirlo blanco- además del Regional de parejas con Miguel Ruiz -el subcampeón- la Liga de 2ª con la Bolística y la Copa Federación Cántabra. No contento con eso, este primer año de juvenil año ha conseguido los cinco títulos posibles, en 2ª categoría y juveniles, con el regional de parejas con Iñi Pedrosa.

Otra circunstancia especial del Campeonato, algo poco frecuente, fue la presencia de dos hermanos en el podio -Ángel fue bronce-, algo por lo que ya pasaron los Rodríguez Gutiérrez en siete ocasiones, con ligera ventaja de Emilio Antonio sobre Rubén.

Mario y su hermano Ángel jugaran el próximo año en casa, en donde jugaron con éxito el año pasado, en la Bolística, que recientemente ha anunciado la composición de su nueva junta directiva presidida por Edu Ingelmo, hijo del siempre recordado Pepe Ingelmo, que tendrá como segundos a su hermano Juanjo y a Inma Linares -apellido también ligado desde siempre a esa peña-, que estarán rodeados de un equipo muy joven, buen conocedor de los entresijos bolísticos y capacidad de gestión, un equipo cargado de ilusión a quien deseamos toda la suerte y todos los éxitos porque la Bolística no solo es la peña de Torrelavega, de sus socios entre los que me precio de figurar, sino que es la peña de todos los bolísticos de Cantabria por sus ochenta años haciendo de los bolos un patrimonio de todos.

Veo en la Wikipedia que los negros miruellos de pico anaranjado que yo intentaba cazar también se llaman mirlos. Si Mario Pellón, es un mirlo blanco, los miruellos somos muchos más.

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