18.09.2020 |
El tiempo
viernes. 18.09.2020
El tiempo
El Diario de Cantabria

¡Alea iacta est!

¡Alea iacta est!

Con las debidas reservas, y mayores precauciones, todo hace pensar que los negros nubarrones que aparecieron en el entonces esperanzado 14 de marzo -«marzo florido seas bienvenido», cantaban nuestros marceros- han dado paso a «cielos despejados con pequeñas nubes de evolución que pueden acarrear alguna tormenta». Ese muy acostumbrado mensaje de los meteorólogos viene a definir lo que puede dar de sí esta temporada que comienza el próximo sábado. Los tiempos pasados han sido nuevos y difíciles, nunca vividos, y otro tanto serán los que están por llegar. Pero esa maraña de incertidumbres, de dudas y malos presagios, ha dado paso a la esperanza, y a ella se han sumado dos de cada tres de las peñas en su momento inscritas. La Federación definió las pautas y abrió una nueva convocatoria bajo una premisa muy importante: libertad para elegir jugar o no jugar porque en ningún caso, peñas o jugadores, perderían su estatus actual, su categoría.

Mi último artículo, a comienzos de junio, cuando ya veía la botella -todavía ni medio llena ni medio vacía- le titulaba, parafraseando a José Antonio Labordeta, que «habrá un día en que todos podamos volver a las boleras». Y ese día ha llegado. Comentaba que había tres situaciones que había que afrontar para llegar a ese día: la sanitaria, la deportiva y la económica. Hagamos un repaso de cómo están esas tres situaciones un mes de después y hagamos un poco de pedagogía para el futuro, por si de algo sirvieran mis opiniones a los bolos en general y, como independiente, a nadie en particular.

La emergencia sanitaria, la alarma decretada por el gobierno central con sus distintas fases -100 días- terminó el pasado 21 de junio. Pero el peligro no ha pasado y el coronavirus, la ingrata COVID-19, sigue acechando como estamos viendo estos días en una céntrica calle de la capital santanderina. Por eso las autoridades sanitarias siguen alertándonos, dando consejos -me temo que desgraciadamente hay que volver a las siempre recurrentes sanciones- y estableciendo medidas de seguridad, los llamados protocolos. Y los bolos, las Federaciones, con el visto bueno de la Dirección General de Deportes, han establecido las normas básicas de obligado cumplimiento para las competiciones de bolos, normas que no siempre son sencillas, que requieren un esfuerzo y que ineludiblemente debemos asumir y cumplir sin excepciones. Hace un mes teníamos serias dudas de si íbamos a tener público en las boleras y si los jugadores podían intercambiar sus bolas. Hoy vemos que sí, pero con condiciones, los unos tendremos que llevar la mascarilla y los otros deberán utilizar frecuentemente el gel hidroalcólico, y todos, y siempre, mantener las distancias de seguridad. Sacrificios pequeños que tendemos que cumplir hasta que se encuentre la vacuna, el remedio, que no parece estar cerca.

La situación deportiva estaba en manos de la Federación, entendida esta no como Junta Directiva, sino como colectivo de peñas, jugadores y árbitros. En los todavía momentos oscuros, cuando empezaba a clarear, algunas voces reclamaban a las federaciones gestos o directrices para la nueva temporada, y desde los entes pedían paciencia porque estaban supeditados a las normas emanadas desde el mando único de Madrid, órdenes que con carácter general se repartían por todos los territorios. Creo que, además de no poder, acertaron en no hacer aquel sondeo tan precipitado porque nos hubiera conducido a un auténtico desastre ya que en aquel momento -de nubes aún muy grises- no se hubiese producido la aceptable inscripción realizada tras la asamblea del pasado día 22 de junio.

Para llegar a esa Asamblea, la directiva federativa contó con dos motores importantes: los acuerdos de la llamada comisión de expertos por ella misma convocada y reunida en Cerrazo, y la asamblea de la APEBOL del 13 de junio, en la que las catorce peñas fijaron las bases de competición y el nuevo calendario. La Junta Directiva asumió los consejos emanados de la comisión de expertos en la que también participaron Serafín Bustamante y Paulino Pinta, y con esas premisas convocó la Asamblea Extraordinaria, abriendo un período de peligrosos cruces de opiniones que hacían barruntar una tensa, difícil e incierta reunión. Estaba en juego el color de la temporada, dividido a entre el gris de atender a los que querían jugar con una bases especiales, o el negro de los que no querían jugar. Finalmente las aguas se fueron calmando y, por el bien de los bolos, la asamblea resultó mucho más pacífica y serena de lo en principio esperado.

Porque a las instrucciones deportivas emanadas de la reunión de Cerrazo -principalmente el mínimo de equipos para jugar la liga y el número de ascensos ya que nadie objetó la decisión de que este año no hubiera descensos- se sumó el descontento por el anuncio de que no se iban a devolver el importe de las licencias y se estudiaría la devolución de los derechos de inscripción, algo esto último a lo que accedió finalmente el presidente anunciándolo en el transcurso de la asamblea.

Resueltas la situaciones sanitaria y deportiva, ésta, la económica, era la tercera situación que teníamos que afrontar y decía, y sigo diciendo, que aún siendo una situación crítica -como lo es para todos los sectores de la sociedad- para resolverla tenemos más tiempo. Pero sí podemos adelantar un poco de tranquilidad y sosegar los ánimos. El tema económico se retiró del orden del día de la Asamblea en un gesto que honra a los firmantes del manifiesto que surgió tras la convocatoria, un gesto -entiendo que no pactado- que debe tener su justa consideración. Estaban en situación numérica de hacer saltar por lo aires la convivencia y la temporada y, sensatamente, ofrecieron el gesto en espera de otro momento mejor para resolver el problema. Un guante blanco que hay que contestar con otro de idéntico color. Como parte de ese llamado comité de expertos, considero que si en lo deportivo se quiso ser magnánimo premiando a los que no jugaban (no hay descensos) y también a los que deseaban jugar (hay ascensos), en lo económico hay que seguir la misma receta: subvencionar a los que juegan, como todos los años, y también a los que no juegan, en compensación por las licencias no devueltas. Soy consciente de que también la Federación tiene una difícil situación económica porque parte de un importante déficit al cierre de la temporada 2019 y por la previsible falta de ingresos en esta, pero también es posible que ya tenga menores gastos al no celebrase los Circuitos. Ya podemos valorar el impacto económico que causarán las devoluciones a las peñas y jugadores que no participan, unos 20.000 euros, pero es mejor asimilar ese déficit que sufrir el año que viene la merma de un importante número de equipos, bien por los efectos económicos o bien por el efecto de enfado por una medida que bien puede considerarse injusta.

Pero para eso hay tiempo, ahora nos toca jugar. Y yo lo haré de la forma que sé y acostumbro, escribiendo -ahora los miércoles- mi artículo semanal en el Diario ALERTA.

¡Alea iacta est! Nunca tres únicas palabras han dado tanto juego, han dado tanto que hablar, incluso para tesis muy dispares. En lo único que se ponen de acuerdo todos es en atribuírselas a Julio César cuando desobedeciendo al Senado romano cruzó el Rubicón, pequeño río italiano que vierte sus pocas aguas al mar Adriático, por encima de la pequeña república de San Marino. Una noche de enero, 49 años antes del nacimiento de Cristo, se dispuso a cruzar el río con una de sus legiones. Después de mucho pensarlo, lo cruzaron y se desencadenó una guerra civil de la que resultó vencedor llevándole a lo más alto, ser emperador, y a que todos sus sucesores recibieran el título de césar. Fue en ese momento de duda, utilizando nuestra lengua materna, el latín -aunque no falta quien diga que lo hizo en la no menos culta lengua griega-, cuando Julio César exclamó ¡Alea iacta est! ¡La suerte está echada!

Es una frase muy manida que «ahora me viene de perlas», otra frase no menos manida, porque hace unos días el buen amigo Javier López Marcano nos hacía participes en las redes sociales el bonito, curioso y educativo esfuerzo realizado por sus alumnos de mi querido Marqués de Santillana, instituto torrelaveguense en donde hice mis estudios de bachiller, y me adentré en la práctica de los nacientes deportes del baloncesto, con Carmelo Oria, y el balonmano, con José Luis Martín de Jorge, profesores y tiempos de muy grato recuerdo. Unos tiempos cargados de nostalgia en los que, -curiosamente y a modo de muy pequeña replica del revolucionario mayo del 68 parisino- solo dos personas, el director y el conserje, recibían el tratamiento de don, don José López Hoyos y don Ramón. Pues bien, los alumnos de 4º de bachillerato, alumnos de la asignatura de Latín bajo las enseñanzas del «mejor consejero para los bolos» -no en vano es la única persona que esta en posesión de la Medalla de Oro de la Federación Cántabra de Bolos, para deleite de muchos y enojo de unos pocos-, con la importante y generosa ayuda de cafés El Dromedario, han endulzado con sus tres millones de azucarillos muchas tertulias mañaneras con sus ‘Latinajos’, serie de pequeñas y famosas frases en esa lengua, incluyendo la que hoy nos ocupa, ¡alea jacta est!.

Y la suerte está echada para la nueva y diferente temporada bolística. No ha sido fácil llegar hasta aquí y todos debemos ser conscientes que tampoco va a ser fácil llegar al final señalado en el nuevo calendario, el 31 de octubre. Pero siempre merecerá la pena decir que se intentó.

¡Alea iacta est!
Comentarios