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El Diario de Cantabria

Vaya ejemplares

Vaya ejemplares

Estos días ha sido noticia la imputación de Podemos por posible malversación y administración desleal, un escándalo relacionado con una supuesta caja B que se suma a otras causas judiciales abiertas contra la formación morada, y a los problemas con la justicia que cada vez acorralan más a su líder supremo, y frente a los cuales los responsables del partido responden atacando duramente a los jueces que les están investigando, con lo que, una vez más, se alejan de la ejemplaridad que antaño pregonaban, pero que, al parecer, solo servía para cuestionar a los demás, y no para aplicarse a sí mismos los principios éticos y morales que con tanta vehemencia decían defender.

Podemos irrumpió en la vida pública con un mensaje basado en la necesidad de regenerarla, pero lo hizo con un tono airado, dominado por el odio y el resentimiento, haciendo del insulto constante la forma de transmitir su ideario, emponzoñando como no se había hecho nunca hasta ese momento el debate público, y clamando de forma furibunda contra lo que llamaban “la casta”, término en el que incluían a toda la clase política y, en especial, a los gobernantes, cuyos privilegios denostaban y ridiculizaban constantemente. Pero resulta que, en un breve espacio de tiempo, tuvimos la ocasión de comprobar como ellos personificaban y asumían sin sonrojarse todos aquellos males que criticaban.

Cuando empezaron a ocupar cargos institucionales, momento en el que dejaron de criticar a “la casta”, pues pasaron a formar parte de la misma, vimos con asombro como sus listas estaban plagadas de personas que habían sido imputadas o condenadas por los más dispares delitos, que iban desde el tráfico de drogas, el atentado a la autoridad, la pederastia o, incluso, el asesinato; también pudimos comprobar como sus líderes estaban implicados en problemas con hacienda o con la seguridad social, resultando demoledores ejemplos como el de Echenique que insultaba sin pudor a quienes tenían a su cargo trabajadores sin darles de alta en la seguridad social, cuando resulta que él estaba haciendo exactamente lo mismo que criticaba a voz en grito, aunque en su caso era considerado como un ejemplo de moralidad, en uno de esos ejercicios de cinismo al que nos tienen tan acostumbrados.

Pronto sus comportamientos personales empezaron también a estar en las antípodas de lo que predicaban, y sirva como muestra el ya famoso “casoplón” de su pareja dirigente, custodiado permanentemente por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, después de todo lo que tuvimos que escuchar respecto a la indignidad de estas actitudes y de estos alardes. Y ahora aflora el tema de su financiación, que desde un primer momento ya resultaba llamativamente oscura o extraña por las ayudas que recibieron del gobierno de Venezuela las organizaciones que dieron origen al partido político, o por el dinero que procedía de una teocracia como la iraní; en este momento las dudas y las sombras sobre su financiación no hacen más que crecer, y la propia formación política se encuentra imputada, pero en lugar de proceder a las dimisiones ejemplarizantes que pedían para otros, optan por cargar contra los jueces que hacen su trabajo investigando la existencia o no de posibles delitos. Y todo ello sin hablar de la manifiesta incompetencia que, en líneas generales, han demostrado en aquellos ámbitos en los que han alcanzado representación, y que está siendo castigada duramente por un electorado cada día más decepcionado con la actuación de todos estos “ejemplares”.

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