27.01.2023 |
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Tormenta perfecta

Tormenta perfecta

Estos días ha sido noticia el nombramiento de Cándido Conde Pumpido como presidente del Tribunal Constitucional, con lo que el gobierno, con un empeño más que evidente, ha conseguido finalmente culminar su estrategia de colocar al frente del Alto Tribunal a alguien que ha demostrado una claravinculación con el ejecutivo socialista, la cual ha evidenciado sin ningún tipo de pudor, limitación o cortapisa en todos los puestos para los que ha sido designado, entre ellos, el de Fiscal General del Estado, donde  hizo célebre la frase de que para alcanzar los objetivos propuestos era necesario “arrastrar las togas por el polvo del camino”, y a fe que así lo ha venido practicando a lo largo de su dilatada trayectoria.

​De este modo, se consuma otro paso más en ese asalto a las instituciones que caracteriza al sanchismo desde su llegada al poder. Pese a su exigua mayoría en el Congreso de los Diputados, Sánchez ha conseguido la colaboración de los populistas, de los comunistas, de los separatistas y de los filoetarras y, con ello, además de ir controlando instituciones como la Fiscalía General del Estado, la Abogacía del Estado, el Consejo de Estado, el Tribunal de Cuentas, RTVE y muchos otros medios de comunicación, domina con mano de hierro no solo el ejecutivo y el legislativo, sino que, ahora, también controla el Tribunal Constitucional, lo que resulta esencial no solo para que refrenden toda su ideologizada legislación, sino también para preparar el terreno de una reforma de hecho de la Constitución, dado que a la reforma de derecho no puede aspirar, de momento, por las amplias mayorías parlamentarias que exige y que todavía no detenta. De ahí que haya echado el resto para controlar este Tribunal y, con ello, las importantes decisiones que tendrá que adoptar en un futuro próximo y que, entre otras cosas, afectarán a la unidad territorial de España y a los referéndums o consultas que, sin duda, se arbitrarán de alguna manera para calmar las exigencias de sus socios independentistas y cuya fiscalización estará ahora en manos de un Tribunal Constitucional entregado mayoritariamente a la causa del sanchismo y, con un presidente, cuya trayectoria nos hace augurar lo peor.

Da la impresión de que han ido colocándose todas las piezas de un siniestro puzle diseñado desde la Moncloa para avanzar hacia un nuevo escenario político, hacia una nueva etapa que Juan Carlos Campo (otro miembro del actual Constitucional, que hace bien poco fue el ministro socialista de Justicia que perpetró los indultos a los condenados independentistas) denominaba un período constituyente, es decir, una fase en la que se alumbrará, de algún modo,  una nueva Constitución o, como mínimo, una nueva forma de interpretarla, en la que el máximo garante de la misma acudirá a una versión de la doctrina del uso alternativo del derecho cuyo alcance y consecuencias resultan todavía imprevisibles. De este modo, si en esta legislatura hemos asistido a un asalto institucional como no habíamos visto nunca en nuestra democracia, podemos fácilmente imaginarnos lo que nos espera si en las elecciones generales vuelven a alcanzar la mayoría suficiente para gobernar los partidos que sostienen al actual ejecutivo y es que, en ese caso, seguiremos avanzando hacia un modelo de Estado cada vez más autoritario y dirigido, en parte, por enemigos confesos de España. Lo que está claro es que, en este momento, todo está ya preparado para que en los próximos años podamos asistir a una tormenta perfecta.

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