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El Diario de Cantabria

Adiós a dos políticos de altura

Adiós a dos políticos de altura

Esta semana ha sido noticia el fallecimiento de dos importantes y conocidos políticos cántabros, el socialista Jaime Blanco y el popular Eduardo Van den Eynde; dos figuras con trayectorias muy diferentes que dejaron su huella y su impronta por la forma en la que llevaron a cabo su tarea política, en la que siempre brillaron a gran altura y obtuvieron el reconocimiento y el cariño de aquellos que les conocieron bien.

    Jaime Blanco lo fue todo en la historia política de Cantabria, figura relevante desde la transición, fundador del socialismo cántabro, al que dirigió durante sus primeras décadas, activo impulsor de la autonomía, alcanzó la presidencia de Cantabria durante el denominado gobierno de gestión, en el que supo aglutinar a varios partidos, incluyendo al PP, para hacer frente a una crisis institucional que exigía de los políticos de entonces la generosidad y altura de miras que hoy se demanda, y de la que antaño hombres como Jaime Blanco sabían hacer gala; brilló también en la vida política nacional como senador y diputado, cerrando así una trayectoria fructífera e intachable. Con él se va uno de esos socialistas de corazón que tanto se echan de menos en estos días que nos ha tocado vivir, una persona con altura de miras, que supo buscar el consenso y el trabajo conjunto con fuerzas políticas rivales cuando la situación así lo requería, como da buena muestra ese gobierno de concentración que presidió porque, en aquel momento, Cantabria así lo demandaba, de modo que fue capaz de dejar a un lado las diferencias partidistas para poner el acento en lo realmente importante, que eran los intereses de la región y los problemas de los ciudadanos de Cantabria. Jaime Blanco fue, en todo momento, un ejemplo de que el entendimiento es posible si se tiene la generosidad y la inteligencia suficientes como para aparcar lo que nos separa en beneficio de las personas a las que los políticos tienen la obligación de servir. Por eso, y por todo lo que hizo por esta tierra, se le echará mucho de menos.

    Eduardo Van den Eynde fue un político que destacó, sobre todo, en su etapa como diputado y como portavoz popular en el Parlamento de Cantabria, labor en la que brilló por su encendida y apabullante oratoria, dejando muestras permanentes de su ingenio, de su inteligencia y, sobre todo, de algo que le definió y que le hizo especial, como es su capacidad para decir verdades como puños. Fue un auténtico adalid de la verdad, y la decía siempre, aunque ello pudiese acarrearle funestas y negativas consecuencias, incluso entre los suyos. Pero Eduardo siempre entendió e interiorizó algo que hoy olvidamos con demasiada frecuencia, que la política es incompatible con la mentira y con la mezquindad, que la verdad y la lealtad no son valores que se puedan sacrificar por las necesidades del momento, por la premura del instante, porque cuando estos valores se sacrifican la política pierde por completo su sentido y su significado. Por eso sus intervenciones y sus afirmaciones contundentes y sin doblez no dejaban indiferente a nadie, alejándonos de la imagen de los políticos que hablan sin decir nada, sin dejar nada en claro. Con Eduardo todo estaba claro siempre, porque siempre llevaba la verdad “hasta sus últimas consecuencias”, como le gustaba decir. Le echaremos mucho de menos, porque a quienes le conocíamos de verdad, nos resultaba imposible no admirarle.

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