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El Diario de Cantabria
Gonzalo López Gándara
09:30
17/05/20

El confinamiento nos invita al desaprendizaje

El confinamiento nos invita al desaprendizaje

Según el World Economic Forum, en su última edición, concluyó que entre las 10 competencias más demandadas en la próxima década se encontrarán el pensamiento crítico, la creatividad y la gestión humana, esto es, la persona se va a erigir como el epicentro de cada movimiento, de cada proyecto y de cada liderazgo.

Hablando de liderazgo, y parafraseando al afamado coach ontológico, Dr. Rafael Echeverría, hemos de contemplar uno nuevo (liderazgo), donde hemos pasado de «un gerente-capataz» a un «gerente-coach». Incluso, hoy, ya hablamos de liderazgo compartido, de «redarquía», donde el nuevo líder actual es el que se lidera a sí mismo con humildad, aplicando con flexibilidad las capacidades adquiridas a lo largo de su experiencia, dispuesto a dudar de las certezas aparentes, escuchando a su equipo, y aplicando un criterio estratégico para filtrar el impulso de reaccionar en el corto plazo. Los valores como la confianza en las propias capacidades y la orientación a resultados que eran clave en el periodo pre-crisis, dejan hoy sitio a la habilidad para aplicar los aprendizajes de la experiencia en situaciones nuevas, la capacidad para escuchar y la pertinencia para reconocer rápidamente los errores y rectificarlos a tiempo.

Muchos estudios han concluido que las denominadas competencias son los predictores del éxito para la mayoría de los puestos de una organización, aptitudes que pueden definirse como el saber aplicar unos conocimientos, habilidades sociales, capacidades cognitivas, gestión emocional, o hasta ciertas características de personalidad que determinan el comportamiento y la forma de actuar de un profesional.

Si bien, en el contexto actual, donde el entorno VUCA (acrónimo cuyas letras en inglés, indican Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad) está más presente que nunca, y donde la única constante es el cambio, siempre nos puede acechar una sorpresa, un nuevo hecho o una nueva circunstancia a la que deberemos adaptarnos e intentar afrontar con personalidad, gallardía y entereza. Así, a finales de 2019, en la China central, surgió un acontecimiento real, tan real como su propio nombre, ya que además venía ataviado con una corona, el cual nos ha conducido a un confinamiento, a un encierro que debemos amortizar provechosamente.

Este nuevo cambio nos va a obligar a abordar ignorados escenarios y paradigmas, nuevas formas de pensar y ver las cosas, así como nuevas formas de gestionar y liderar nuestras organizaciones y equipos, al menos, en el medio plazo.

Ahora bien, hemos de tener presente que el «desaprendizaje» es más difícil que el aprendizaje, y en numerosos casos, para aprender tenemos que «desaprender». Esta premisa explica lo complejo que puede ser la adaptación a un nuevo contexto que nos espera.

Aspectos como la influencia de nuestros padres, nuestra educación, algunas experiencias profesionales y hasta nuestra base genética (factores más innatos), nos orientan hacia unos comportamientos por encima de otros. Si estos comportamientos los repetimos durante muchos años, está claro que cambiar implica primero «desaprender» o dejar de lado algunas de nuestras formas de actuar.

La primera condición para «desaprender» es querer hacerlo o, dicho de otra manera, percibir ese deseo o necesidad de querer adquirir nuevas formas de aprendizaje. Una vez que contemos con esa motivación o interés, deberemos considerar nuestros objetivos de mejora o cambio. La identificación de estos objetivos a través de competencias es el sistema más utilizado en programas de desarrollo profesional. Ahora bien, para incorporar una conducta o acción nueva, normalmente, antes tenemos que ser capaces de dejar atrás formas de actuar previas o, en determinados casos, el sólo hecho de dejar de hacer algo ya provoca el cambio en la mejora de la actuación.

Esto es, aprovechemos este Confinamiento no sólo para estar más cerca de nuestras familias, para pensar en nuevas metas, para llevar a cabo tareas pendientes, para aplaudir, para meditar, para pensar, que también, sino para aplicar el mecanismo crítico de la autorreflexión que nos va a permitir interrogarnos ciertos aprendizajes para alcanzar otros nuevos, adaptados al nuevo paradigma.

En definitiva, «desaprender» para después aprender. Olvidar ciertos hábitos o formas de actuación que de alguna forma no favorecen nuestra actuación laboral, más aún, en un nuevo entorno que nos depara la realidad inmediata.

A través del ejercicio del «desaprendizaje», podremos ir adquiriendo un nuevo modelo de competencias que nos dirija a mejores pautas de actuación personal, profesional y empresarial.

El confinamiento nos invita al desaprendizaje
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