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El Diario de Cantabria

Ministros absolutamente prescindibles

Ministros absolutamente prescindibles

Es lógico que el presidente Sánchez no se plantee la hipótesis de hacer un cambio de Gobierno para encarar la salida de la crisis porque en el análisis de quiénes le sirven y quiénes ya no le sirven, lo primero que tendría que analizar es su papel en la gestión de la crisis, su capacidad de liderar dos gobiernos en uno, las discrepancias con su socio y el coste de los apoyos que ha necesitado en cada caso. La autocrítica no es, precisamente, el fuerte de presidente. En todo caso "el camarote de los hermanos Marx", como ha dicho Felipe González, no solo no ha funcionado durante la crisis sino que muchos ministros han demostrado su escasa competencia. Algunos han sido absolutamente ignorados durante la crisis por el presidente y, en no pocos casos, las pocas decisiones que han tenido que tomar o sus intervenciones públicas les han dejado desnudos.

Habría que empezar por Iglesias, vicepresidente a ratos, activista en otros, destructor, casi siempre, de las instituciones que debería defender. Carmen Calvo, desaparecida en combate, cuya única idea interesante ha sido invitar a tomar un café y a charlar durante dos horas a la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, que se levanta enfadada con el mundo y se acuesta después de haber cabreado a todo el mundo.

De los ministros, lista larga de prescindibles. Alberto Garzón, ministro de Consumo que quiere cargarse el turismo y que dice, en 2020, que "el comunismo tiene vigencia" a pesar de ser el sistema político más ruinoso que ha acabado con los derechos y las libertades allí donde ha gobernado. Rodríguez Uribes, Cultura, no solo no ha escuchado al sector, sino que ni se ha enterado del permiso de exportación para algunos de los cuadros más importantes del Museo Thyssen. Tan poca importancia le dio que en lugar de negociar él con la baronesa Thyssen, envió a su subsecretario. ¿Exceso de trabajo? La ministra de Educación, que tanto prometía, no solo cambia cada semana los criterios organizativos a todos los centros educativos, sino que pretende dar clases al aire libre en octubre o noviembre. Y si llueve, que llueva. Pedro Duque, ministro de Ciencia e Innovación, es, ahora, candidato a presidir la Agencia Espacial Europea, lo que será bueno para la Agencia y para España. No ha hecho nada aquí. Grande Marlaska puede dejarse su gran prestigio como juez con la pésima gestión en Interior. Castells es tan buen sociólogo como inoperante ministro de Universidades. Campo, en Justicia, ha quemado buena parte de su crédito y su referencia a la "crisis constituyente" es un desliz grave. De las ministras podemitas, Irene Montero está haciendo lo que se esperaba de ella, sólida en lo intrascendente y disparatada en lo fundamental y Yolanda Diaz, la ministra de Trabajo que se reía al tratar de explicar lo que eran los ERTE, tiene días. Ábalos es más el controlador del PSOE y el activista número 2 del Gobierno --detrás de Iglesias-- que el ministro que puede mover la Economía. Y, finalmente, Salvador Illa, el ministro que ha dado la cara --para que se la partieran-- con elegancia y respeto, pero que ha demostrado que no ha sabido gestionar la crisis ni en el comienzo ni en la plenitud de la pandemia. Ayudado, eso sí, por los "expertos", con Fernando Simón a la cabeza.

¿Quiénes se salvan? Calviño, lo más serio de este Gobierno, que puede hacer las maletas para irse al Eurogrupo; González Laya, que es candidata a la OMC; Escrivá, que trata de poner sentido común donde no lo hay; Margarita Robles, en Defensa, aunque calle a veces para no incendiar el Gabinete; tal vez Reyes Maroto, que ha dialogado mucho con los sectores que dependen de ella, aunque con pobres resultados... Y los otros, Teresa Ribera, Carolina Darías o Luis Planas, sin calificar por falta de datos objetivos. ¿Tenemos los ministros que necesitamos para hacer lo que hay que hacer y que España no sea el país desarrollado con más paro, más deuda y el que más sufrirá si hay un rebote de la pandemia? Respondan ustedes.

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