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El Diario de Cantabria

Indignado y orgulloso

Indignado y orgulloso

Indignado ante un Gobierno que no tenía un plan de qué hacer ante una pandemia --como ha reconocido el ministro Duque--, no lo ha elaborado después, se ha instalado en la improvisación permanente ejerciendo la rectificación continua, se ha escudado en los técnicos para esconder sus errores, no ha contado con la oposición ni con los agentes sociales, y ya veremos si, de verdad tiene un plan de salida del confinamiento para el conjunto de la sociedad, empresas, trabajadores y ciudadanos.

Indignado con un vicepresidente del Gobierno que quiere cambiar la Monarquía parlamentaria constitucional por una República bananera, que cree más en la propaganda que en la libertad de información, que cuestiona la existencia de medios privados de comunicación, que ha sido incapaz de gestionar sus responsabilidades sobre las residencias de mayores y que critica a la justicia mintiendo. Porque una compañera suya de partido no ha sido condenada por parar un desahucio sino por enfrentarse e insultar a las fuerzas de seguridad.

Indignado ante un ministro de Sanidad incapaz de gestionar la crisis sanitaria con un mínimo de eficiencia, que ha desprotegido al personal sanitario y auxiliar a las fuerzas colaboradoras como el Ejército o la Unidad Militar de Emergencias, que ha ordenado la compra de material sanitario a empresas sin cualificación y a unos precios exorbitados, que ha ignorado a las Oficinas Comerciales en el exterior y al ICEX, que ha tenido que devolver gran parte de ese material y que ha cometido error tras error, sin asumir ninguna responsabilidad. Deberá responder de todo ello y, especialmente, del altísimo grado de contagio de todos los sanitarios por esa falta de protección.

Indignado ante un Gobierno que no solo reaccionó tarde por intereses propios, sino que tomó medidas insuficientes e ineficaces para atender a las empresas y a los trabajadores, las otras víctimas de la crisis. Que promete, pero no cumple.

Indignado ante un ministro de Consumo que en lugar de pedir disculpas por tantos errores, amenaza a las empresas diciendo que "devolverán el dinero por los servicios pagados y no prestados" y "si no reintegran lo abonado, serán sancionadas".

Indignado ante un Gobierno que tiene la tentación de combatir los bulos limitando la libertad de información o creando perfiles aduladores falsos en las redes.

Indignado ante un ministro de Universidades ausente.

Indignado ante políticos independentistas que aseguran que "con independencia habría menos muertos en Cataluña" o que piden acabar con la fabricación de coches y sustituirla por trabajos "más limpios".

Indignado ante los "liberados sindicales" de la sanidad pública, de los que apenas un puñado ha vuelto a los hospitales en esta situación de emergencia.

Indignado ante el trato que se da a tantos inmigrantes cada día. Hemos ofrecido papeles rápidos a los que tuvieran alguna profesión sanitaria. Les reclamamos para salvar nuestras cosechas porque los españoles no aguantan el trabajo del campo o para atender a nuestros mayores y nuestras casas. Pero les seguimos criminalizando, expulsando y negándoles el derecho al asilo.

Orgulloso de esos profesionales sanitarios que se han dejado la vida para salvar otras vidas, que han llorado las muertes y a los que han dado materiales que nos les protegían. De los hoteleros que han convertido sus hoteles en hospitales de emergencia o en residencias para los sanitarios. De tantos profesionales que siguen facilitándonos el acceso a los alimentos o trayéndolos a casa. De los transportistas. De los policías, guardias civiles y militares ejemplares en su conducta y riesgo. De miles de empresas ejemplares que han modificado sus líneas de producción para cubrir los vacíos que este Gobierno no ha sabido llenar. De los sacerdotes y monjas que han seguido en la brecha, acompañando a los que más sufren o acogiéndolos en sus instalaciones. De las funerarias que han hecho uno de los trabajos más duros e ingratos de la crisis. De los que hemos sabido quedarnos en casa. Solo eso reduce un grado la indignación. O, tal vez, la aumenta.

Indignado y orgulloso
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