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El Diario de Cantabria

Y después de los aplausos, ¿qué?

Y después de los aplausos, ¿qué?

Los aplausos de las ocho de la tarde a todo el personal sanitario han sido un gesto de imprescindible reconocimiento a todos ellos, ejemplares en la pandemia, y también un acto colectivo de desahogo, de comunicación, de esperanza. Pero, después, ¿qué?

El Premio Princesa de Asturias de la Concordia a todo el personal sanitario español por su papel frente al coronavirus es uno de los más merecidos de toda su historia. Su esfuerzo ha sido descomunal, aumentando horas de trabajo sin límite, aislados de sus familiares, sin que les proveyeran del material de defensa necesario, con más de 50.000 sanitarios infectados, con más de 70 muertos, sin el material de protección mínimamente indispensable, haciéndoselo ellos mismos con bolsas de basura, agotados hasta la extenuación. Y, después ¿qué? ¿Qué reconocimiento real el Gobierno o la comunidad autónoma de la que dependen? ¿Qué "bonus", en forma de salario extra o de vacaciones han recibido? ¿Qué nuevo contrato les han hecho a los que lo tenían por días o por semanas? ¿Qué va a pasar si la indisciplina de muchos facilita un rebrote en el otoño? Nuestro Sistema Nacional de Salud es bueno, sobre todo porque tenemos los mejores profesionales: unos MIR con una excelente formación teórica y práctica de especialistas, unos enfermeros y enfermeras de enorme potencial que se disputan en Europa y un personal auxiliar cualificado. Y, además, es barato. ¿Saben por qué? Porque los salarios del personal médico, de las enfermeras y de los auxiliares y técnicos que trabajan en los hospitales es mucho más bajo que el de la mayoría de los países de nuestro entorno. Seguramente hacen falta más inversiones en una sanidad que lleva años infrafinanciada, pero sin un trato adecuado a los profesionales, la inversión servirá para poco. Son ellos y ellas, frente a la improvisación y la falta de medios que los políticos no han sido capaces de proporcionar a tiempo, los que han frenado esta pandemia.

Los profesionales han sido poco escuchados antes y durante la crisis. Los Colegios de Médicos y de Enfermería --en la educación y en la justicia ha pasado lo mismo-- han tenido un papel residual, han sido ignorados por el Gobierno y las comunidades autónomas. ¿Y qué papel están jugando en la post crisis? El mismo, es decir, ninguno. Pero no hay ninguna reforma en la sanidad, en la educación o en la justicia que se pueda llevar adelante sin los profesionales que la han de aplicar.Una reforma a fondo para mejorar la sanidad pública pasa por la coordinación real y estricta, de todo el Sistema Nacional de Salud; por una política de financiación equitativa y suficiente; por un sistema de compras común y único; por una investigación compartida; por una apuesta por la inteligencia artificial y robótica; por la integración con la sanidad de los servicios sociales --ahí, también, las residencias de mayores--; por una estrecha colaboración entre la sanidad pública y la privada --ejemplar durante la pandemia y que emplea a más de 300.000 trabajadores cualificados, con un 80 por ciento de empleo fijo y un 3 por ciento del PIB--; por la disminución de las desigualdades territoriales en el acceso a los servicios y la garantía de su uso por los españoles en todas las comunidades autónomas... Todo eso debería estar ya en la agenda del Ministerio de Sanidad y de las autonomías. Todo eso debería estar ya en manos de un grupo de expertos independiente y solvente. Pero nada de eso sirve si no se cuenta con los que de verdad saben: los médicos, los sanitarios, el personal que nos cuida en los hospitales. Aplausos y premios, sí, pero, sobre todo, escucharlos y atenderlos.

Y después de los aplausos, ¿qué?
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