24.05.2024 |
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La democracia ante el espejo

La democracia ante el espejo

Virginia Wolf cuenta en "Una habitación propia", que en su día le propusieron dar una conferencia sobre "las mujeres y la novela" y que el asunto no le pareció tan sencillo porque el título tal vez significara las mujeres y cómo son o las mujeres y la ficción que escriben, o las mujeres y la ficción que escriben sobre ellas o que, incluso las tres `posibilidades estuvieran mezcladas.

Lo mismo podríamos decir si tuviéramos que hablar hoy sobre la democracia y los políticos. ¿De qué hablaríamos? ¿De los políticos y cómo se creen, de cómo son de verdad, de la democracia y cómo la conciben los políticos, de lo que ellos hacen con la democracia, de lo que escribimos los periodistas sobre los políticos, o de todo ello mezclado? Más adelante habla de la importancia de la visión del espejo para los hombres, porque, mirándose, recargan la vitalidad y estimulan el sistema nervioso. Y privado de esa visión -cuando el espejo desvela la verdad, como le pasó a la madrastra de Blancanieves-, "el hombre puede morir igual que el adicto a la cocaína". Los políticos, casi todos, necesitan mirarse al espejo y que éste les devuelva la visión perfecta, sin arrugas, sin el paso del tiempo. "Espejito, espejito, ¿quién es el mejor político? Importa más la apariencia que la realidad, el disfraz que lo que se es. Alfonso Guerra ha dicho que "ni el fin justifica los medios ni los medios justifican un fin" y el abogado Philipe Sands, experto en crímenes de guerra, afirma que "sin justicia no hay paz, salvo a corto plazo". A los políticos, a casi todos, solo les importa el corto plazo. El espejo que ven.

¿Estamos, están los políticos, deconstruyendo el Estado de Derecho, violando el espíritu de la Constitución, acomodando los principios morales y legales a las necesidades de unos pocos y para beneficio de otros pocos? En un interesante artículo en la revista Acontecimiento, Josep Burgayas escribe que "caminamos hacia una ilusión democrática, en la que se mantienen los aspectos aparentes y formales de ésta pero sin que la capacidad de decisión resida realmente en los ciudadanos". Burgayas cita a Arundathi Roy cuando dice que a la democracia "se la ha vaciado del significado igualador que tenía y se ha convertido en algo débil al servicio solamente de una parte de la sociedad".

La infantilización de la ciudadanía, la conversión de todo lo básico de la democracia en un espectáculo, en un enfrentamiento constante entre diferentes, en una demonización permanente del contrario, conduce al desentendimiento ciudadano respecto de lo que hacen los políticos, al reforzamiento de los extremismos y a la carencia de un sentido crítico. A los militantes socialistas les parece de perlas que se conceda la amnistía a unos delincuentes, siempre que haya "un Gobierno de progreso" y la derecha no alcance el poder. A la derecha, sobre todo a la extrema -que no es tan diferente de la extrema izquierda- le parece que hay que acabar con la izquierda al precio que sea. Unos y otros quieren ciudadanos dóciles y despolitizados cuando gobiernan y militantes con el carné en la boca cuando hay que votar o atacar al contrario.

Mientras los ciudadanos no abandonemos la superficialidad y la comodidad y les digamos a los políticos, a todos, que la imagen que refleja el espejo de ellos no es el doble de grande de lo que piensan sino infinitamente pequeña, que lo que escenifican no es lo que demanda ni lo que necesita la sociedad, que sólo desde el diálogo es posible construir y preservar el futuro, la democracia será un coto privado de unos pocos donde el fin justifica los medios y los medios justifican el fin. Y será, efectiva y lamentablemente, una ficción, una ilusión.

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