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El Diario de Cantabria

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Las elecciones catalanas del 14-F han confirmado la realidad de una sociedad partida en dos mitades, fracturada social, pol铆tica y econ贸micamente en un viaje a ninguna parte que comenz贸 hace cuarenta a帽os, pero que se ha radicalizado en la 煤ltima d茅cada. Esa fractura, que nadie es capaz, que nadie quiere cerrar es cada vez m谩s peligrosa para los que viven en Catalu帽a y para el resto de los espa帽oles que deseamos la convivencia en paz y progreso. La fractura infinita de Catalu帽a se percibe en distintas realidades: - La fractura social es, seguramente la m谩s da帽ina y tal vez la m谩s dif铆cil de reparar ya. Cada vez hay m谩s catalanes que no se relacionan para nada con quienes no piensan como ellos. Seg煤n un estudio de Metroscopia, los amigos de los independentistas son, en su inmensa mayor铆a, independentistas y los constitucionalistas casi se relacionan 煤nicamente con quienes piensan como ellos. En las familias se evita hablar de pol铆tica, porque eso puede acabar en ruptura total si no se ha producido ya. Frente al encuentro, manda el rencor.
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Las elecciones catalanas del 14-F han confirmado la realidad de una sociedad partida en dos mitades, fracturada social, pol铆tica y econ贸micamente en un viaje a ninguna parte que comenz贸 hace cuarenta a帽os, pero que se ha radicalizado en la 煤ltima d茅cada. Esa fractura, que nadie es capaz, que nadie quiere cerrar es cada vez m谩s peligrosa para los que viven en Catalu帽a y para el resto de los espa帽oles que deseamos la convivencia en paz y progreso. La fractura infinita de Catalu帽a se percibe en distintas realidades:

- La fractura social es, seguramente la m谩s da帽ina y tal vez la m谩s dif铆cil de reparar ya. Cada vez hay m谩s catalanes que no se relacionan para nada con quienes no piensan como ellos. Seg煤n un estudio de Metroscopia, los amigos de los independentistas son, en su inmensa mayor铆a, independentistas y los constitucionalistas casi se relacionan 煤nicamente con quienes piensan como ellos. En las familias se evita hablar de pol铆tica, porque eso puede acabar en ruptura total si no se ha producido ya. Frente al encuentro, manda el rencor.

- La fractura independentismo-constitucionalismo, casi al 50 por ciento, es evidente, a pesar de que "los catalanes que expresan un sentimiento identitario incluyente (es decir que combinan por igual la identidad catalana con la espa帽ola o ambas, pero con alg煤n predominio de una u otra) siguen representando las tres cuartas partes del total" (Metroscopia). El 14-F solo un 27 por ciento del censo -diez puntos menos que en 2017-, uno de cada cuatro catalanes, acudieron a las urnas a votar independentista -con las variantes profundas que significan ERC, Junts o la CUP-. Entre Junts y ERC perdieron m谩s de 700.000 votos respecto a las anteriores elecciones. Por lo que se refiere al constitucionalismo, tambi茅n profundamente dividido y sin posibilidad de unidad, 900.000 ciudadanos se quedaron en casa, al contrario de lo que hicieron en 2017. Y el ganador, Illa, solo consigui贸 46.000 votos m谩s que Iceta. Escaso bagaje.

- La fractura izquierdas-derechas. Otra frontera con trampa en la que, para empezar, habr铆a que saber d贸nde se esconde la verdadera derecha catalana. Ni las izquierdas comulgan en lo b谩sico ni las derechas son capaces de entenderse, con el PP y Ciudadanos hundidos. Los 煤nicos que han crecido son los extremos m谩s peligrosos, la CUP y Vox, que suman casi el 10 por ciento del censo.

- La fractura del abstencionismo. Que el 47,5 por ciento de los ciudadanos no haya ido a votar sabiendo lo que se juegan, es para hac茅rselo mirar por todos los partidos. Ha ganado el partido del abstencionismo. O est谩n hartos o est谩n resignados, pero, en todo caso, no dejan de ser responsables de lo que pase.

- La fractura territorial. Barcelona no es Catalu帽a. Parte de la culpa del "茅xito" independentista radica en la p茅sima Ley Electoral, gracias a la cual un diputado en Lleida cuesta 8.000 votos, 13.000 en Tarragona, algo m谩s en Girona y entre 23.000 y 28.000 en Barcelona. Pero nadie cambia la ley.

- La fractura de la insolvencia. Catalu帽a lleva diez a帽os con una p茅sima gesti贸n de los problemas reales de los ciudadanos, agravada por la DUI y la huida de miles de empresas y casi colapsada por la pandemia. Catalu帽a es hoy m谩s pobre, tiene menor peso en todos los terrenos, su PIB est谩 en ca铆da libre, tiene una deuda insoportable, unos servicios p煤blicos cada vez m谩s deteriorados y unos pol铆ticos solo preocupados por alcanzar una independencia imposible o por combatirla.

El secesionismo excluyente que solo busca el "cuanto peor, mejor" y la exaltaci贸n de los sentimientos frente a la raz贸n, tiene, no obstante, contra las cuerdas al Gobierno del Estado, m谩s cercano a ceder lo que sea que a defender la legalidad frente a la ilegalidad. En esta fractura infinita de Catalu帽a, pierden los catalanes, perdemos todos.

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