23.05.2024 |
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Una boya a la deriva

Una boya a la deriva

MADRID, 27 (OTR/PRESS)

La sorpresa era imposible. Pasado el trámite, iremos a una segunda investidura con Pedro Sánchez como candidato y, casi seguro, presidente. Un presidente que al no replicar al candidato no sólo despreció a Núñez Feijóo sino también a todos los ciudadanos españoles y que incurrió en deslealtad institucional.

Es la primera vez que un presidente del Gobierno no responde en una investidura y esa falta de respeto fue mayor al enviar a Oscar Puente, un tercera fila, no a debatir sino a insultar al candidato. Feijóo perdió, pero ganó no sólo porque sale internamente consolidado, sino porque ha podido explicar a los españoles algunas ideas sobre su programa -tal vez menos de lo necesario- pero sobre todo la absoluta dependencia de Pedro Sánchez de sus socios de Gobierno y la existencia de compromisos prácticamente cerrados que abocan a una amnistía, se llame como se llame, a delincuentes políticos.

Una suerte de inmunidad retroactiva, una desautorización de la Fiscalía General del Estado, del Tribunal Supremo y una ruptura de la igualdad de los españoles ante la ley.

Alberto Núñez Feijóo dijo que es un hombre de palabra y que nunca pactaría con quienes quieren destruir el Estado español y romper su unidad. La palabra era, hasta hace no mucho, lo único que se necesitaba entre dos personas para cerrar un acuerdo y para mantenerlo. El valor de la palabra era un acuerdo cerrado y quien no cumplía su palabra era moralmente sancionado. "No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que su palabra", dijo el filósofo Juan Luis Vives.

A la palabra de Feijóo respondió el silencio premeditado de Pedro Sánchez -también el de Yolanda Díaz- tal vez porque, como decía Aldous Huxley, "el hombre silencioso no presta testimonio contra sí mismo". Y el silencio de Sánchez era el clamor de que aceptará todo aquello que le pongan sobre la mesa aquellos que son indispensables para que vuelva a ser presidente del Gobierno.

Harían bien, no obstante, Pedro Sánchez y todos los diputados y militantes socialistas en no fiarse de la palabra de sus socios de oportunidad. O logran lo que quieren -y las peticiones se irán incrementando mes a mes- y Sánchez cede y cede y cede o le dejarán tirado. Ninguno de los que le apoyan son socios confiables. Desde el PNV a Bildu, pasando por ERC y Junts sin dejar de mencionar a Sumar y los 15 partidos que componen esa asociación de intereses.

Ninguno está con Sánchez por lo que representa ni por su proyecto -que no lo tiene- sino por lo que pueden sacar de él. En un país fraccionado y artificialmente tensionado, ganan los que son indispensables para que Sánchez siga en el poder.

Nos esperan meses de infierno en medio de negociaciones de enorme complejidad. Sánchez es una boya a la deriva. Aunque él sostiene que se mantiene en su sitio, sabe que se mueve hacia donde otros le llevan. La subasta y los atajos que vienen van a ser un infierno. Para él, para la democracia, para la credibilidad del Estado de Derecho, para la igualdad y para todos los ciudadanos. De momento, quienes quieren saltarse y no respetar la Constitución y las leyes van ganando por goleada. Y la última palabra la tiene Puigdemont. Sánchez le ha demostrado a Feijóo que, como dice un proverbio judío, hay que cuidarse "de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso". En la futura investidura hablará, porque no le queda más remedio. Pero también ha demostrado reiteradamente lo que vale su palabra. "Si no te gustan mis palabras, tengo otras". Todo por el poder.

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