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El Diario de Cantabria

Contra el arte de resistir en política

Archivo - El portavoz del Grupo Socialista en el Senado, Ander Gil, espera sentado en un sillón momentos antes de ofrecer una rueda de prensa tras la Junta de Portavoces en la Cámara Alta, en el Salón de los Pasos Perdidos, en Madrid (España) a 22 de sept
Contra el arte de resistir en política

Si alguien se cree que por haber votado este domingo -o, aún peor, no haber votado- ha solucionado algún problema, se equivoca. Ahora empieza lo bueno. Después de una campaña sucia, con intentos de compra de votos y otros asuntos de enorme gravedad, falta de transparencia, insultos a "los otros", periodistas, jueces o empresarios, desprecio de los rivales, promesas con el dinero ajeno y violencia en algunos mítines, ahora toca buscar pactos, hacer posible la gobernabilidad en más de ocho mil ayuntamientos y en una decena de comunidades autónomas.

Ahora, lo que se juega en cada pueblo, ciudad o comunidad autónoma no es solo el futuro de algunos políticos, sobre todo de aquellos que no tienen más oficio ni beneficio de la política, sino el de los ciudadanos. Si unas elecciones generales son importantes, las municipales y autonómicas lo son más porque deciden la vida diaria de cada uno de nosotros: sanidad, educación, servicios, limpieza, atención a los colectivos menos favorecidos* Así que lo que viene ahora es muy importante. Hay que formar mayorías y eso exige acuerdos y consensos, que ese es el núcleo central de las democracias. Los pactos, casi siempre, ayudan a centrar los proyectos y a mirar por el bien común, el de la mayoría de los ciudadanos, que es algo que, últimamente no se lleva mucho porque por mantener el poder los partidos, unos más que otros, están dispuestos aliarse con el demonio con tal de alcanzar el poder, mantenerlo o no perderlo. No se puede pactar con cualquiera ni a cualquier precio. Hay que cumplir el mandato ciudadano.

El arte de resistir, que es el título del último libro de Andrea Marcolongo, es el que mejor practican los políticos, de cualquier color y condición. "El que resiste gana", dijo Alfonso Guerra y algunos se agarran al sillón como si no hubiese mañana. Pero mientras algunos, los menos, pueden marcharse a casa sin problemas si no han tenido el respaldo de los ciudadanos, para otros perder significa volver a ningún sitio, porque no han tenido más oficio, y sobre todo más beneficio, que la política. Han hecho la carrera desde las filas de las juventudes hasta un Ministerio sin más currículo que la lealtad al jefe, sin más experiencia que la llevar la cartera del que manda y sin más capacidad de gestión que la de obedecer ciegamente lo que le ordenan.

Hay que exigir a los políticos integridad, empatía, flexibilidad, ética a prueba de todo, capacidad de escucha y voluntad de servir, no de servirse. Si queremos un futuro mejor, como ciudadanos, además de votar, deberíamos liberarnos del silencio ejercido durante cuatro años, abrir bien los ojos, vigilar a quienes nos gobiernan y exigirles, empezando por los pactos de gobierno, la regeneración. La de la política, claro, pero también la suya. Votar es solo el primer paso. Y que solo resista o acceda al poder el que se lo haya ganado trabajando por los ciudadanos, el segundo.

Contra el arte de resistir en política
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