17.06.2024 |
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¡Cómo no baje el Espíritu Santo!

Los católicos celebramos el domingo la festividad de Pentecostés. Es posible que haya que explicar lo que significa porque muchos lo desconocen debido a que la religión ocupa cada vez un lugar menor en la enseñanza y en la vida de muchos
"Parece que hasta al Espíritu Santo le va a faltar tiempo para atender tantos problemas". / Francisco Muro
"Parece que hasta al Espíritu Santo le va a faltar tiempo para atender tantos problemas". / Francisco Muro
¡Cómo no baje el Espíritu Santo!

El Espíritu descendió sobre los apóstoles en forma de lenguas de fuego, cincuenta días después de la muerte de Jesús, y les infundió fe, valor y conocimiento. Quienes estaban encerrados, temerosos de que también a ellos los persiguieran y mataran, salieron a la calle sin miedo alguno a predicar el mensaje de amor de Dios. Y aunque les escuchaban personas de distintas razas, comunidades y lenguas todos se sorprendían porque los oían hablar en su propia lengua. Fue una luz en la oscuridad.

Igual que ahora que utilizando la misma lengua nadie entiende, nadie escucha, nadie quiere entender lo que le dice el otro. Nunca una sociedad tan hipercomunicada ha estado tan incomunicada. Nunca los mensajes han sido tan contradictorios. Nunca la división ha estado tan centrada en emociones y no en ideas. Vamos de elección en elección sin pausa para reflexionar, sin tiempo para debatir y acordar sobre los problemas reales de los ciudadanos.

Tampoco los medios de comunicación aportamos espacios para la concordia. Importa sólo la derrota del otro, la eliminación del adversario. Los pactos frágiles frente a los acuerdos sólidos con una mirada al medio plazo. La política no es el arte de gobernar lo mejor posible para todos sino el de sobrevivir en el poder o alcanzarlo al precio que sea, con las mentiras que sean necesarias, con aliados inverosímiles, con las trampas precisas, incluso forzando las leyes hasta desvirtuarlas. Sin transparencia, sin controles y sin rendir cuentas en ninguno de los casos.

No es tiempo de más privilegios para los que mandan. Debería ser el tiempo de los ciudadanos, el tiempo de resolver sus problemas reales. Los de una sociedad tensionada y polarizada por los propios políticos que dividen y separan. Los de una educación, cada vez con mayor inversión y con peores resultados. Los de una justicia amenazada por el poder político y desprestigiada por el uso espurio de la misma. Los de una violencia de género creciente, también en las parejas adolescentes.

Los de poner límites al acceso indiscriminado de los menores a la pornografía, que luego multiplica la violencia en los adolescentes. Los de fortalecer redes de solidaridad en una sociedad cada vez más subsidiada y, al mismo tiempo, más desigual. Los de dar una respuesta positiva, serena, ética y real al problema de la inmigración. El tiempo también de los políticos y de las naciones democráticas para acabar con conflictos inhumanos como los de Gaza y Ucrania.

Parece que hasta al Espíritu Santo le va a faltar tiempo para atender tantos problemas. Tal vez debería enviar lenguas de fuego sobre algunos. Crecen las sectas, como las de algunos falsos obispos desnortados y aprovechados de cualquier oportunidad. Pero también hay sectas en la política de la mano de falsos profetas que hacen mucho más daño. Necesitamos abundantes dones para hacer de este mundo un lugar mejor, un lugar de paz, un espacio de convivencia entre todos sus habitantes. Pero como dice mi amigo Jesús va a ser necesario que el Espíritu baje, que haga muchas horas extra, se las paguemos o no, y que se quede una temporada por si hay recaídas. Que las habrá. Paz a todos.

¡Cómo no baje el Espíritu Santo!
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