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El Diario de Cantabria

Los enemigos que todos necesitan

Los enemigos que todos necesitan

Dicen que la política es el arte de negociar y de llegar a acuerdos para la gobernanza de la sociedad. ¿Por qué, entonces, los políticos, estos políticos de ahora, independientemente del partido que lideran, en lugar de organizar la sociedad lo primero que hacen es buscarse enemigos para reforzar su posición? ¿Por qué necesitan poner barreras, cordones sanitarios o fronteras que impiden el acercamiento, el diálogo, la negociación? Cuando la mitad de los ciudadanos creen que la otra mitad son sus enemigos --inspirados por líderes políticos que hacen lo posible por ahondar el enfrentamiento-- es muy difícil que cualquier país pueda avanzar en democracia. La fractura social que producen estas actitudes de división, real o ficticia, enfrenta y enferma una sociedad seguramente durante décadas. Y cuando los políticos, en lugar de tender puentes, de pacificar, ahondan en el conflicto, la situación se enquista y la enemistad se extiende. Lo hemos visto muy de cerca en Cataluña, pero no solo allí.

Los españoles tenemos experiencia histórica en esto de los dos bandos, los rojos y los azules, los independentistas y los constitucionalistas, los monárquicos y los republicanos, los conservadores y los progresistas... Todos los que no están conmigo están contra mí. El progreso, las libertades y la cultura son patrimonio de la izquierda; el orden, la seguridad y el dinero son de las derechas. Las derechas son corruptas; las izquierdas, revolucionarias. Por decreto. No importa que sea mentira. Blanco o negro, sin grises posibles. Parecía que la educación podía ser el arma que acabara con estos apriorismos, pero no ha sido así. No somos más rigurosos, ni más respetuosos ni más tolerantes. A veces, todo lo contrario. No nos permitimos "la debilidad" de escuchar la verdad de los otros, la otra parte de la verdad. El pensamiento único se impone en la derecha y en la izquierda. Nadie permite la disidencia, a veces ni siquiera el debate, en las filas propias, así que es difícil pedir que los adversarios escuchen los argumentos del contrario. Todo el que no piensa como nosotros está equivocado.

Los políticos no dan ejemplo. Al revés. Lo que condenan con dureza extrema en los "enemigos", se lo perdonan cuando el error o el delito ha sido suyo. O, directamente, lo sepultan para que no ocupe el debate público. Es lamentable ver lo que dicen cuando están en la oposición y lo que dicen y hacen cuando están en el poder. Si en lugar de pensar en que "al enemigo, ni agua", se dedicaran a hablar y a llegar a acuerdos pensando en la sociedad a la que dicen servir, todo sería mucho más fácil.

Cuenta Rajoy en su último libro que tras las elecciones de diciembre de 2015 --que ganó con 123 escaños frente a los 90 del PSOE-- ofreció a todos los partidos un gobierno de coalición, pero que Pedro Sánchez lo rechazó inmediatamente y con rotundidad, sin voluntad ninguna de abrir un diálogo. Sánchez ya sabía lo que iba a buscar. Ha rechazado siempre la posibilidad de un acuerdo de mayorías constitucionalistas suficientes y ha buscado acuerdos imposibles. Hablar con el enemigo es importante, pero meterlo en casa, sin luz y sin taquígrafos, es un riesgo grave. Pero Sánchez lo necesita para reforzar su debilidad. "Temo a un solo enemigo que se llama yo mismo", dijo Papini.

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