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El Diario de Cantabria
Fernando Lusson
10:17
14/09/20

Pandemia y división

Pandemia y división

La celebración de la Diada ha estado condicionada por la necesidad de adoptar medidas de prevención para evitar los contagios del covid-19 con la consecuencia de que no se han sucedido las concentraciones de grandes masas de personas reclamando la independencia, porque de un tiempo a esta parte el Onze de Setembre ha dejado de ser la fiesta ‘nacional’ catalana para serlo solo de los soberanistas que se han apropiado de ella.

El covid-19 no ha podido ocultar que hay una gran masa social que hace del independentismo profesión de fe, pero ha servido para hacer menos patente las profundas divisiones que afectan a este mundo, tanto porque comienza a consolidarse la tendencia a un ligero descenso de las ansias de separarse de España, como por los problemas internos que rodean a las organizaciones políticas que lo amparan y que se encuentran más fraccionadas que nunca y que esperan la convocatoria de las elecciones autonómicas para despejar el terreno de juego y saber su papel en el futuro toda vez que el ‘procés’ de 2017 ha entrado en vía muerta tras la condena y la huida de sus impulsores, y ha dado comienzo un enfrentamiento interno entre irredentos y posibilistas, que se concreta en el dilema entre la ‘confrontación inteligente’ que preconiza Carles Puigdemont y el ‘diálogo inteligente’ que defiende ERC.

Los últimos datos sobre la evolución del independentismo avalan las tesis de este partido, dado que, según el Centro de Estudios de Opinión catalán, el apoyo a la independencia cae con fuerza y el 50,5% de los catalanes no quieren que el Principado se convierta en un estado independiente, mientras que los partidarios de la secesión son un 42%, el nivel más bajo de los últimos años, al tiempo que crecen quienes quieren más autogobierno dentro del esquema autonómico o son partidarios de un Estado federal.

Pero ni entre los independentistas se ponen de acuerdo en qué tendrían qué hacer si en las próximas elecciones catalanas superaran el cincuenta por ciento de los votos, una vez que parece garantizada la mayoría absoluta de representantes, al menos antes de las últimas divisiones en el espacio posconvergente, con la pugna entre Junts per Catalunya y el PdeCAT, más el PNC. Para Quim Torra no se debería desaprovechar esa oportunidad que aún no se ha producido en ninguna de las elecciones precedentes. Sin embargo, Junqueras, considera que una mayoría clara no es una condición suficiente para conseguir la independencia. y que ganar las elecciones debe servir para gobernar y gestionar, por encima de los gestos simbólicos.

La Diada de este año ha contado con otro elemento distorsionador, el silencio de Torra sobre cuál será su reacción ante su inhabilitación por el Tribunal Supremo, que se da casi por segura, que no ha querido compartir con el resto de partidos para hilar una respuesta conjunta, a lo que se suma la diferencia de criterios sobre la designación de un nuevo candidato que acelerara el proceso electoral para antes de final de año. Entretanto, el Gobierno mantiene su ofrecimiento de ‘ley y diálogo’ pero no le queda mucho margen para ‘aguantar’ a la llegada de ERC a los Presupuestos

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