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El Diario de Cantabria

La 'Trumpa' del elefante

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La 'Trumpa' del elefante

Cuando un 'trumposo', a quien la marcha del mundo y el prestigio de su país importan un bledo, se convierte en cesante inminente hay que echarse a temblar ante sus últimas decisiones: arrasará con todo, como elefante en cacharrería. La decisión de la Administración Trump reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sahara le ha caído en la cabeza, vaya por Dios, a Pedro Sánchez, que ha visto frustrada su 'cumbre' con Marruecos. Una 'cumbre' que, de todas formas, ya venía de nalgas. Casi mejor que se haya aplazado, no sé si por precaución ante el Covid (Sánchez dixit), por motivos de agenda (Carmen Calvo dixit), por culpa de Trump (el ministerio de Exteriores susurra)... o porque, entre unas cosas y otras, la Reunión de Alto Nivel hispano-marroquí estaba tan mal hilvanada que todo hacía prever el desastre (casi todo el mundo dixit).

Bueno, en todo caso, el paso dado por Trump, que viola los dictados de la ONU y desequilibra las recomendaciones de la Unión Europea (bastante le importa la UE al elefante, que por cierto es el símbolo del Partido Republicano), dicen que acabó de rematar la Reunión de Alto Nivel (RAN) que, por fin, enmarcaría el siempre aplazado viaje de Sánchez al país vecino del sur, país del que tantas cosas dependen en España.

Aunque, para mí, la verdad es que, más que la ocurrencia 'trumpista', quizá haya influido, en el parón de un encuentro que para nuestra nación es tan importante, esa declaración del vicepresidente Pablo Iglesias abogando por un apoyo del Ejecutivo español al Sahara del Frente Polisario. Una salida quizá loable si hubiese sido hecha por el secretario general de Unidas Podemos. Pero absolutamente improcedente en boca del vicepresidente de un Gobierno, el español, que lleva décadas tratando de 'conllevar' las relaciones con el incómodo vecino. Otra metedura de pata del 'vice', que poco entiende de sutilezas diplomáticas; otro golpe a la homogeneidad del Gobierno.

Claro que no menos cierto es que, aunque Pedro Sánchez asegurase en una muy comentada entrevista televisiva (muy comentada, digo, sobre todo por su apoyo cerrado a la Monarquía y al Rey Felipe VI en estos tiempos de tribulación para el monarca), que las relaciones de España con Marruecos son excelentes, la verdad parece ser muy otra. Rabat tiene congelado el 'placet' a un nuevo embajador español desde hace meses. Además, la casa del rey Mohamed VI había dado escasas esperanzas a La Moncloa de que el monarca alauita fuese a recibir a Sánchez: "problemas de salud", sugirieron en la corte. Casi nadie lo ha creído.

Pero lo peor es el capítulo de la inmigración: funcionarios españoles que saben de la cosa han llegado a decir a quien esto suscribe que la llegada masiva de marroquíes a las aguas españolas, para luego embarcar en vuelos misteriosos desde Canarias hasta muy variados destinos en la Península, es, ni más ni menos, "una marcha verde, ahora con pasaportes". Marruecos, como en aquella primera 'marcha' frente al Sahara cuando Franco agonizaba, parece aprovechar el momento de debilidad política en España para generar una crisis, otra crisis, enviando 'inmigrantes' bien documentados y con capacidad para comprarse un billete de avión. ¿A qué fue, me pregunto, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a Rabat? ¿Acaso no habló de inmigración con su colega Abdelouafi Laftit? Alguien tendrá que explicar unas cuantas cosas en el Parlamento, digo yo. ¿O el cúmulo de despropósitos ocurridos esta semana tampoco nos lo van aclarar nunca?

Bueno, pues eso: que, como todo son desgracias en casa del pobre, lo de Trump no ha venido sino a ayudar a empeorar las cosas en el endeble panorama internacional español. Hemos tenido mala suerte de última hora con este 'pato cojo' elefantiásico que se va --a ver si se va de veras--sembrando el caos y, dicho sea de paso, pero no sin indignación, ejecutando más penas capitales que en todo un siglo: ahí quedan cuatro hombres esperando la inyección letal antes de que, laus Deo, esta especie de Atila con pelo anaranjado pierda la capacidad de sembrar desastres.

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