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El Diario de Cantabria

No convencen

No convencen

Dicen, y dicen bien, que los Presupuesto generales del Estado de cualquier país reflejan no solamente un estado de ánimo económico, sino también político, social y, sobre todo, moral. Me temo que ese es el caso de las cuentas generales del Estado de España, que este miércoles comenzaron su trayecto parlamentario, que, supongo, concluirá en una aprobación, aunque aún no sepamos muy bien -es el tono de los tiempos que corren_quiénes exactamente, cuál de las dos Españas, los aprobará.

Que Pedro Sánchez, que acaba de ‘celebrar’ el primer aniversario de aquellas elecciones del 10-n que le afianzaron en La Moncloa, es un hombre de suerte no cabe la menor duda: verá los Presupuestos, ‘sus’ Presupuestos (bueno, y los de Pablo Iglesias, claro) llegar a buen puerto con el apoyo, improbable, de Ciudadanos o con el creo hoy que más probable de Esquerra Republicana. Se me hace difícil pensar que los ‘naranjas’ de Arrimadas, que se siente acorralada por la parte ‘morada’ del Ejecutivo, pero también por el PP, puedan pactar las mismas cuentas que Esquerra Republicana de Catalunya. Sobre todo, porque hemos llegado a la indeseable circunstancias de que los datos de la economía se están mezclando con los de la política más malsana que se haya practicado en España desde el fin del franquismo.

Por eso, creo que la señora Arrimadas comete un error cuando condiciona su apoyo a los Presupuestos a la retirada de cualquier pretensión de celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña, o cuando supedita su ‘si’ a la defensa de la Monarquía, o cuando pide que ese dislate de suprimir el castellano como lengua vehicular en los colegios se olvide de una vez. Pues claro que el Gobierno dará marcha atrás en lo del castellano, poniendo una vez más colorada a la señora Celáa. Claro que no irá adelante el referéndum independentista, no por ahora, por supuesto. Y claro que no va a caer la Monarquía, aunque Pablo Iglesias la acompañe a Bolivia. Todavía no es llegado, espero, el momento de pretender los grandes vuelcos. Tal vez ese momento, soñemos, no llegue nunca. Pero nada de esto tiene que ver con los Presupuestos Generales del Estado.

Para nada es mi intención abrumar al lector con cifras y números ni puedo presumir de otra cosa que de haber preguntado bastante a quienes son más expertos que yo acerca de estas cuentas del Estado. El último a quien cuestioné, el presidente de la patronal Garamendi, mostró unas dudas cautas y educadas -no está la cosa para bravatas, que enseguida te endilgan que estás en la caverna*- sobre las posibilidades de que los datos previstos de gastos e ingresos sean sencillamente un ‘desideratum’, una aspiración sin excesiva base real. Otros fueron, en privado, más duros. Me gustará escuchar la opinión de Luis Garicano, nuestro eurodiputado/economista en Ciudadanos, sobre estos PGE’2021 que la señora Arrimadas, su correligionaria, se ha mostrado dispuesta a apoyar, en un esfuerzo meritorio por hacer una política transversal, pero pienso que cada vez con más dudas.

Y es que, dejando de lado las grandes inquietudes políticas de un Estado que a veces parece tambaleante, las cuentas que ha hecho este Ejecutivo son no menos inestables. Y responden, en primer lugar, a un acuerdo egoísta PSOE-Unidas Podemos; no hay más que ver el aumento de partidas a ministerios como el de Igualdad, Consumo o a la propia vicepresidencia segunda. Encima, por detrás se ve la mano de Esquerra: compruebe usted, si no, la diferencia de trato entre Cataluña y Madrid, ese oscuro objeto de odio en La Moncloa. Y más chocolates del loro, si usted quiere considerarlo así: subida de sueldo a los ministros, a los funcionarios -está en los manuales de las estrategias para ganar elecciones--*

Sea con la España de Ciudadanos, lo que me parece cada día más lejano, sea con la de Esquerra -sí, hay una España representada, sin duda a su pesar, por Esquerra Republicana de Catalunya--, pienso que Sánchez/Iglesias tienen ya, salvo sorpresas mayúsculas y salvo una negociación desastrosa, prácticamente aprobados los Presupuestos. Y podrán insistir en que, juntos, agotarán la Legislatura. Así que qué quiere usted que le diga: no me extraña que doña Ana Obregón haya sido seleccionada para dar las campanadas que despedirán este año que ha sido, está siendo, ‘horribilis’ del todo.

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