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El Diario de Cantabria

¿Trump? ¿Biden? La angustia

Como cada día, empiezo casi de madrugada mi mañana laboral realizando un demorado recorrido por las portadas de más de una veintena de periódicos españoles. En realidad, en esta jornada apenas he dormido, pendiente durante la noche de lo que las televisiones del mundo entero iban contándonos acerca del increíble recuento de las elecciones presidenciales norteamericanas. Todos los comentaristas, en general contrarios al 'trumpismo', inciden en lo mucho que nos va en juego si gana uno u otro. Telefoneo a un amigo, un español residente en Dallas: "a mí, lo que ocurra aquí me importa poco; a mí lo que me preocupa es cómo está mi familia allí, en España". En mi galopada por los titulares compruebo que la preocupación interna aquí, en España, es tan grande que el duelo Biden-Trump queda relegado a un segundo lugar.
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¿Trump? ¿Biden? La angustia

Como cada día, empiezo casi de madrugada mi mañana laboral realizando un demorado recorrido por las portadas de más de una veintena de periódicos españoles. En realidad, en esta jornada apenas he dormido, pendiente durante la noche de lo que las televisiones del mundo entero iban contándonos acerca del increíble recuento de las elecciones presidenciales norteamericanas. Todos los comentaristas, en general contrarios al 'trumpismo', inciden en lo mucho que nos va en juego si gana uno u otro. Telefoneo a un amigo, un español residente en Dallas: "a mí, lo que ocurra aquí me importa poco; a mí lo que me preocupa es cómo está mi familia allí, en España". En mi galopada por los titulares compruebo que la preocupación interna aquí, en España, es tan grande que el duelo Biden-Trump queda relegado a un segundo lugar.

Excepto los periódicos de Madrid y, en menor grado, Barcelona, encuentro portadas angustiadas por el caos ante los cierres de la hostelería, por las polémicas jurídicas sobre el confinamiento y el estado de alarma, por los puestos de trabajo perdidos y por perder y, por supuesto, por los rebrotes de Covid incontrolables, que vuelven a llenar las UCIs de los hospitales de pacientes infectados y los cementerios de superávit de muertos. El desconcierto de los ciudadanos ante las continuas medidas de quita y pon, la descoordinación autonómica y las meteduras de pata de algunos portavoces es tan grande que, obviamente, apenas queda sitio preferente para la pelea del siglo entre los dos septuagenarios que aspiran a hacerse con el sillón del hombre más poderoso de la tierra.

Así que, para confirmar mi sensación, me lancé, durante buena parte de la jornada de ayer, a hacer mi propia encuesta: hablé, palabra de honor, con propios y extraños, con taxistas y camareros, con colegas situados en puestos variados, con mis antiguos compañeros de colegio y de Universidad, con gente en la Administración, en los partidos y en los sindicatos; contacté, al final, con no menos de treinta personas. De ellas, solamente dos habían seguido una parte, mínima, de la noche electoral (ya haremos una comparativa de los 'shares' en su momento). Y con todas ellas, al final, la conversación derivó hacia lo que verdaderamente parece interesar: la situación del país, de nuestro país, desde el punto de vista sanitario, económico, social y también moral, que lo que está ocurriendo con la Fiscalía y el emérito, con los seguimientos a Bárcenas, con las escuchas ilegales, pesa también, y no poco, en la balanza de la desazón ciudadana.

Parecen interesar más las tramas, presuntas o reales, de los rusos en Cataluña que las consecuencias que para nuestro país tendría que siguiese Trump o que llegase al poder Biden. Es más: tengo la seguridad de que mis interlocutores perciben que, gane el zafio hombre del pelo naranja o lo haga el veterano burócrata honrado pero sin carisma, a los españoles nos seguirá yendo igual que hasta ahora, o sea, no demasiado bien, mejorando lo presente.

"A mí, aunque me horroriza Trump, casi me es indiferente que gane o pierda: lo importante es que ni para el uno ni para el otro va a contar demasiado España", me dice un importante comentarista de política nacional que ha consumido un par de horas anoche comentando la jugada en la televisión. A mí, la verdad, ni desde un punto de vista ético, ni siquiera estético, me da lo mismo. Pero sí comparto la segunda parte de su comentario: "en Estados Unidos se están haciendo las cosas tan mal, desde un punto de vista institucional y legal, incluyendo esas impugnaciones a la totalidad de Trump, que casi se justifican los desmanes que, desde la Fiscalía, desde el Ejecutivo, desde los partidos, se cometen cada día en España; porque si en la que se considera cuna de la democracia vemos tanta tropelía, ¿qué importancia tiene tal o cual 'pequeñez' en nuestro país?".

Me pareció una frase digna de ponerme a escribir sobre ella, y eso es lo que hago. Un mundo lleno de Trumps y de 'trumposos' no sé si merece la pena. Lleno de Bidens anodinos, la verdad, tampoco mucho. Mal ejemplo para un planeta que sigue con desgana los recuentos en Pennsylvania, Illinois o Arizona. Aquí, de lo que se trata es de 'Y de lo nuestro ¿qué?'. Pues eso es lo que se preguntan tantas y tantas portadas. Y yo, también.

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