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El Diario de Cantabria

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El 1 de febrero del desgraciado bisiesto 2020 los peri贸dicos publicaban, sin demasiado destaque por cierto, que el primer caso de coronavirus se hab铆a detectado en La Gomera. Un ciudadano alem谩n que hab铆a tenido contacto con una ciudadana china. Pero Wuhan quedaba muy lejos. Y los portavoces oficiales, empezando por el doctor Fernando Sim贸n, director del Centro de Coordinaci贸n de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad que hab铆a pasado a ocupar Salvador Illa pensando ya entonces en Catalu帽a, restaban importancia al fen贸meno. En Espa帽a "apenas habr谩 alg煤n caso", nos dec铆a por aquel entonces el confiado Sim贸n, un personaje que ya hab铆a impuesto sus camisas arrugadas y su pelo, m谩s despeinado a煤n que el de Boris Johnson, en otras cat谩strofes sanitarias.
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón, ofrece una rueda de prensa para informar sobre la evolución de la pandemia de coronavirus, en el Ministerio de Sanidad, Madrid (España), a 12 de noviembre de 2020.
EUROPA PRESS/J. Hellín. POOL
12/11/2020
EUROPA PRESS/J. Hellín. POOL 12/11/2020
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El 1 de febrero del desgraciado bisiesto 2020 los peri贸dicos publicaban, sin demasiado destaque por cierto, que el primer caso de coronavirus se hab铆a detectado en La Gomera. Un ciudadano alem谩n que hab铆a tenido contacto con una ciudadana china. Pero Wuhan quedaba muy lejos. Y los portavoces oficiales, empezando por el doctor Fernando Sim贸n, director del Centro de Coordinaci贸n de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad que hab铆a pasado a ocupar Salvador Illa pensando ya entonces en Catalu帽a, restaban importancia al fen贸meno. En Espa帽a "apenas habr谩 alg煤n caso", nos dec铆a por aquel entonces el confiado Sim贸n, un personaje que ya hab铆a impuesto sus camisas arrugadas y su pelo, m谩s despeinado a煤n que el de Boris Johnson, en otras cat谩strofes sanitarias.

Desde aquel 1 de febrero, Fernando Sim贸n se ha convertido en el rostro m谩s popular del pa铆s; solamente el que fue su ministro aparec铆a m谩s veces ante las c谩maras de televisi贸n, y ello porque Illa seguramente estaba ya destinado a ella: a la campa帽a catalana, que es para lo que fue nombrado ministro antes de saberse que un virus devastador iba a ser declarado, tarde por supuesto, pandemia por una OMS que al comienzo tampoco se enter贸 de nada. Lo mismo, seamos justos, que la mayor parte de los gobiernos europeos, y de lo de Trump, el mentado Johnson y Bolsonaro mejor no hablar.

Y ah铆 sigue Sim贸n: protagonizando la semana pasada una conferencia de prensa en la que hasta daba la palabra a su nueva jefa, la ex ministra de Administraciones P煤blicas Carolina Darias. Muchas veces ha proclamado que 茅l no dimite, y mira que ha habido clamores en ese sentido. Lo m谩s probable, a fecha de hoy --aunque cualquiera sabe en este pa铆s en el que jam谩s puede hablarse de medio plazo--, es que contin煤e en el puesto, evidenciando que sigue siendo m谩s importante el discurrir de cosas como la campa帽a catalana que el furibundo rebrote de los casos de contagio (y muertes) del coronavirus, en la tercera ola de la pandemia que es como esas olas gigantes de las pel铆culas, que arrasan con el barco de los protagonistas y no sobrevive ni el cocinero.

Hasta el momento, nada he escuchado procedente del Ministerio de Sanidad que contradiga la sensaci贸n de que estamos ante m谩s de lo mismo: la se帽ora Darias, que llega precedida de una fama de persona sensata y dialogante, insiste en que estar谩 vacunado el 70 por ciento de la poblaci贸n antes del verano, lo que, al ritmo que vamos, parece imposible, pero es algo que, claro, queremos creernos. Y la prueba de que se pretende o no hacer algo nuevo, un esfuerzo m谩s coherente, ser谩 el cambio (o probablemente no) de un rostro, que implicar铆a a su vez el cambio de una estrategia de faltas a la transparencia y a la verdad: el de Fernando Sim贸n, el hombre que no puede soportar las hemerotecas, de tanto que se ha equivocado, el hombre que empez贸 como portavoz rodeado de militares y de guardias civiles y se ha quedado solo en el ruedo. Los dem谩s, por ser un poco bocazas o por vacunarse antes de tiempo, han ido cayendo. Sim贸n es como las pilas del conejito aquel: dura, dura, dura. Y a muchos, es la verdad, les cae bien, porque externamente no representa a una clase dominante, como Illa no representa al t铆pico personaje prepotente, tan abundante en el Gobierno del que form贸 parte.

La 煤ltima pirueta de un personaje apegado a su fidelidad ahora a este Gobierno (antes a otro) es que, como ya hizo (no hizo) con la manifestaci贸n del d铆a de la mujer, el pasado 8 de marzo, ni una cr铆tica hemos o铆do en su boca de algo que numerosos vir贸logos, esos que pululan hasta en la sopa, han criticado: que se vayan a celebrar unas elecciones, las catalanas en este caso, el 14 de febrero, ah铆, a la vuelta de la esquina, cuando todas las previsiones indican que el tsunami sanitario estar谩 en su apogeo. El ejemplo portugu茅s, que tras la campa帽a y las elecciones ha supuesto, aventuran no pocos en el pa铆s vecino, un recrudecimiento brutal de los contagios, no ha parecido inquietar a casi nadie en esa clase pol铆tica cuyas cautelas y errores a veces encarna el por otra parte simp谩tico y dedicado doctor Sim贸n: da la impresi贸n de ir a ciegas, como nuestros representantes, que all铆 est谩n, tan felices --la procesi贸n va por dentro-- y enmascarillados, recorriendo tierras catalanas para acabar en vaya usted a saber qu茅 y c贸mo.

Sinceramente, se hace duro de entender. Y de aceptar.

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