30.05.2024 |
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Hay que confiar en ella. 'Confianza' es la palabra clave

Hay que confiar en ella. 'Confianza' es la palabra clave

"Les pido que confíen en mí", concluyó la princesa de Asturias su discurso institucional en el Palacio de Oriente tras haber jurado la Constitución en ceremonia solemne en el Congreso de los Diputados. La heredera de la Corona es ya mayor de edad, ha atravesado la ceremonia de su entronización como siguiente escalón hacia la Jefatura del Estado -una sucesión que previsiblemente no ocurrirá antes de dos décadas, salvo sorpresas- y disfruta, es algo que se palpa, de un grado de popularidad cimentado en apenas unas semanas. Cuatro minutos de aplausos unánimes -ausentes excluidos, claro- en la Cámara Baja tras la jura de la princesa, el respaldo mostrado en las calles pese a las precauciones de seguridad, lo que dicen los sondeos, muestran que Leonor de Borbón Ortiz es ya un activo sólido del Estado. Un activo al que el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, prometió que puede contar "con la lealtad, el afecto y el respeto" del Gobierno.

El Rey, ya al iniciar el almuerzo de gala en el Palacio de Oriente, transmitió una especie de legado verbal a su hija, defendiendo la Constitución y los valores contenidos en la misma. Con la palabra 'confianza', el Rey, deseando 'larga vida y acierto a la princesa de Asturias', terminó su breve parlamento, en el que en ningún momento -ni en ningún otro-- se mencionó al Rey Juan Carlos I.

Yo diría que la ceremonia, a la que no asistieron tres miembros del Gobierno y también desertado por la mayor parte de los socios del Ejecutivo que votarán a Sánchez en su investidura, quizá ya la próxima semana, fue, con todo, un éxito. Sobria, como lo fue la jura del padre de la princesa, Felipe de Borbón, pero a pesar de ello emocionante. Yo diría que las quinientas personas que estábamos apiñadas en el hemiciclo de la Cámara Baja éramos conscientes de la trascendencia de un momento que sabíamos histórico. Y es que sobre los hombros de esa joven de dieciocho años, de semblante contenido y ademanes buscadamente no exagerados, recae, aunque ella no lo asuma cabalmente aún, la responsabilidad de la continuidad de la forma de Estado, del sistema.

¿Qué porcentaje de atención debemos dedicar en el comentario periodístico de este acto a esta ceremonia de la jura de doña Leonor a las ausencias? Sin duda, no debemos menospreciarlas. Los que no fueron son patentemente muy minoritarios, pero representan a quienes no están conformes con el actual 'statu quo'. Y hay que reconocer que hoy esos clamorosamente ausentes tienen la llave de la gobernabilidad del Estado, al menos de la permanencia de la actual modalidad, la que representa Pedro Sánchez.

Curioso -en España todo es curioso- que la ceremonia de la jura, en la mejor tradición instaurada por Peces-Barba hace treinta y seis años, coincida casi con los esfuerzos del PSOE y Sumar por llegar a una investidura favorable a Pedro Sánchez, aliándose con fuerzas claramente nada monárquicas. Los rumores en el hemiciclo sobre la fecha de la investidura, fecha forzosamente muy cercana, denotaban una indudable inquietud entre los parlamentarios con los que los periodistas, en medio de no pocas incomodidades y restricciones, podíamos contactar. Y esa investidura, por más que los socialistas se hayan comprometido en la defensa de la Corona, no va a ser muy buena noticia para quienes creen que la Monarquía debe ser la forma que rija el Estado durante las próximas décadas, esas en las que Leonor de Borbón tendrá que permanecer presumiblemente en una situación de espera, que es el sino de los herederos.

Sí, vienen años política, económica y socialmente extraños, es la verdad. No sé cómo será la espera para doña Leonor, que cuenta obviamente con la complicidad de sus padres, y quizá con el apoyo, no estoy seguro de que entusiasta, pero eficaz, del jefe del actual Ejecutivo. Y cuenta también con la hostilidad de quienes también son enemigos del Estado. Y con la incertidumbre de una era nueva , en cambio vertiginoso en tantos sentidos.

No sé en quién podrá ella confiar. Sí me da la impresión de que, hasta donde lleguen sus fuerzas, nosotros sí podremos confiar en ella. Es la impresión que yo saqué cuando entrevisté a su padre cuando este cumplió los dieciocho años. A doña Leonor, quizá sobreprotegida, no le han facilitado contacto alguno con los medios, hasta ahora. Lo cual es una lástima, porque estoy seguro de que, como me ocurrió a mí con el joven Felipe de Borbón, Leonor sorprenderá, para bien, a muchos que hoy la desconocen. Digna de confianza.

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