La generación Lamine

La 'generación Lamine', de Lamine Yamal, el hombre más citado hoy en la prensa nacional, es la 'generación Zeta'. La de los hijos y nietos de muchos que leerán esta columna. Y la de Leonor de Borbón, futura jefa del Estado, que estará en el estadio de Nueva York este domingo asistiendo a la final del campeonato mundial de fútbol en la que casi todas las casas de apuestas y la Inteligencia Artificial dan a España como ganadora frente a Argentina. Bravo.

Ya sé que Lamine es el más joven de un equipo sustancialmente más joven que su rival, y sé también que no todos los chicos y chicas de diecinueve años tienen ni sus mismas oportunidades ni sus mismas posibilidades, y lo mismo se puede decir, claro, de la espectadora Leonor de Borbón Ortiz. Pero quisiera pensar que ambos representan un futuro mejor que este presente en el que, por un día, la 'España de las pantallas' gigantes se une casi unánimemente (salvo excepciones absurdas) en un deseo común: ganar.

Me ha preocupado siempre esa 'generación Zeta' a la que no estamos dando ni buen ejemplo ni, seguramente, buenos consejos ni, quizá tampoco, una formación adecuada al futuro que les aguarda: el del Cambio total, que supone que dentro de una década y media muchas cosas, seguramente también el Mundial hoy tan mal gestionado hoy por esta FIFA 'trumpista', serán tan distintas a como hoy son. Por eso mismo me parece sustancial que tanto Leonor de Borbón como Lamine Yamal, que vienen de procedencias tan dispares y tan distantes, mantengan una conducta modélica ( lo que no es fácil cuando el triunfo y el halago llaman constantemente a tu puerta), siendo referentes para los que vienen.

No sé con qué talante vigilará este domingo la desmoralizada Guardia Civil los espacios aglomerados que le toque vigilar, ni qué diablos dirán en los ámbitos independentistas ante esta oleada de banderas rojigualdas. Sí sé que hoy, cuando esto escribo, es un día grande, antesala de otro aún más grande, para España. Que es, por cierto, España digo, un valor que es urgente recuperar, y que sospecho que va a empezar a restaurarse -restaurarse, sí-- ya desde el lunes, presumiblemente el día de la nacional-euforia al que sin duda seguirán jornadas informativamente importantes. Pienso yo, al menos.

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