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El Diario de Cantabria
Fernando Jáuregui
15:57
1/06/19

El hombre del Peugeot 407

El hombre del Peugeot 407



Tal día como hoy, 2 de junio, hace exactamente un año, Pedro Sánchez-Pérez Castejón se convertía, por la vía extraordinaria de la moción de censura contra Mariano Rajoy, en presidente del Gobierno. Quién lo hubiera dicho. El caso es que se iniciaba el año políticamente más desconcertante, uno de los más trepidantes acaso, en la Historia de la España democrática. Jamás había ocurrido que un hombre, expulsado de la dirección de su propio partido, que no era ya diputado, se convirtiese en el personaje más poderoso de España. Y bien --o al menos mucho-- que ha ejercido ese poder en este año en el que hemos vivido peligrosamente.

Pues eso. Que quién lo hubiera dicho. Casi literalmente defenestrado el 1 de octubre de 2016, dimitió como diputado y se lanzó por las carreteras a bordo de su ya famoso Peugeot 407 a la reconquista de la secretaría general, algo que logró hace también casi exactamente dos años, el 18 de junio de 2017, batiendo en primarias a Susana Díaz. Y entonces comenzó la aventura del hombre que iba a convertirse en personaje.

Esa aventura es digna de un grueso volumen; algunos se han escrito ya, y otros libros dedicados a la figura políticamente increíble, para lo bueno y para lo malo, de Sánchez se van a escribir en los próximos meses. Ha logrado que Mariano Rajoy, aún presidente hace un año y dos días, haya quedado prácticamente olvidado; tanto el PP como el resto de los partidos han sufrido un vuelco --¿recuerda usted cuando se hablaba del posible 'sorpasso' de Podemos al PSOE?--, el proceso independentista catalán ha experimentado algunos, muchos vuelcos... Los ángulos desde los que se podría escribir una crónica sobre el año que cambió nuestras vidas son muchos, demasiados. España ha mudado mucho en doce meses de la mano de Sánchez. No siempre para bien, pero tampoco me atrevería a decir que por completo para mal. La partida empieza a jugarse ahora.

Porque lo que interesa en estos momentos es ver qué es lo que cada uno ha aprendido de este período de Historia. Iglesias sigue, como en 2016, reclamando ministerios, que supongo que Sánchez no le dará. Ciudadanos sigue, como en 2016, aparcado en el 'no es no', pero ahora a Sánchez, y no a Rajoy, con quien acabaría pactando; en el PP se ha producido un auténtico tsunami tras la victoria en primarias de Pablo Casado sobre Soraya Sáenz de Santamaría; algunas instituciones sigue como en estado de estupefacción; los 'indepes' catalanes más señeros están o en la cárcel o dados a la fuga. Y Sánchez, con el maillot amarillo que da alas, ha ganado insuficientemente unas elecciones que pospuso demasiado (no para sus intereses, claro) y está ahora ante el dilema: ¿con quién, cómo, cuánto gobernar?

Seguro que ya no recuerda al hombre del Peugeot 407, porque en un año no sólo lo ha aparcado para cambiarlo por el Audi oficial, sino que también ha frecuentado mucho el Falcon, y desde los aires se vo todo diferente. Ni recuerda los bocatas de tortilla de patata con los militantes, él que ahora almuerza en El Elíseo con Macron y se ha convertido en uno de los personajes más influyentes --el poder de las urnas-- de Europa. Y me parece que su opinión, tan brutalmente expresada a veces, sobre Rajoy ha cambiado, ahora que tan bien le vendría un pacto subterráneo con el sucesor en el PP. Está, en fin, inmerso en la política de pactos, seguramente todavía pendiente de los consejos, que son casi dictámenes, de Ivan Redondo, el gurú de cabecera. Y cuánto debe estar riéndose de cuantos le despreciaban como a un diosecillo menor, y de los que decían --uno, a veces, también-- que era un muerto viviente, aunque él no lo sabía.

Ha pasado un año, y casi nada es lo mismo. El hombre del Peugeot 407 tiene ante sí una oportunidad que le consolidará como un personaje providencial ante la Historia... o que le colocará en las páginas negras de la misma. Nada menos. El hombre abrazado por la diosa Fortuna se enfrenta a un destino lleno de oportunidades incomparables. Como a Zapatero quienes le aclamaban tras haber ganado las elecciones, ahora podríamos repetir "Pedro, no nos falles"... y yo añadiría: más.

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