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El Diario de Cantabria

Constitución en peligro

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Constitución en peligro

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OS que peinamos canas, o ya no las peinamos, tenemos nuestros propios recuerdos sobre esta Constitución cuyo 42 aniversario se celebra este domingo. Algunos asistimos a su nacimiento, un parto ciertamente difícil. Otros la han, la hemos ido acompañando en su trayectoria.

Hace dos años, cuando se conmemoró muy solemnemente el cuadragésimo cumpleaños de la Carta Magna, presentamos en el Congreso y con su presidenta entonces, Ana Pastor, un libro, escrito por ciento cinco periodistas, que homenajeaba a nuestra ley fundamental.

Muchas cosas han cambiado desde entonces, veinticuatro meses apenas hace de aquello. Hoy, la Constitución es un desgarro, un texto muchas veces violado y poco respetado.

Puede que la tan surrealista situación política que vivimos hoy en día respete su texto, pero estará vacía de contenido real. Porque el ‘espíritu del 78’, que fue el año en el que nació nuestra ley fundamental, ha estallado hecho añicos.

Hoy, cuando, en una ceremonia deslucida no solo por las limitaciones que impone la pandemia, se celebre este cuadragésimo segundo aniversario, quedará poco que celebrar en realidad.

Muchas partes sustanciales de la Constitución están siendo sometidas a una revisión callada, pero tenaz, que abarca desde la territorialidad hasta a las instituciones, comenzando por la propia Jefatura del Estado.

Y esto es algo que las propias fuerzas que apoyan al Gobierno de Pedro Sánchez, Unidas Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya o Bildu, no ocultan, aunque el jefe del Gobierno y secretario general del PSOE insista en que defenderá tanto la Constitución en su globalidad como el Título segundo de la misma, dedicado a la Corona. Me gustaría estar seguro de ello, la verdad, porque, hoy por hoy, Pedro Sánchez es el principal valladar que evita tanto la derogación de esta Constitución para sustituirla por otra más afín al socio de Gobierno como una caída estrepitosa de la actual forma del Estado para reemplazarla por una República.

Así estamos, ni más ni menos, cuando la reciente aprobación -la definitiva será el próximo día 29- de los Presupuestos nos augura una Legislatura quizá -quizá- larga, en la que España sufrirá eventuales grandes transformaciones: si en un año hemos visto todo lo que hemos visto, ¿qué no podría ocurrir en otros tres años si la actual deriva permanece?

Me aterra pensar que esta perspectiva, que asegura una larga travesía del desierto para las fuerzas de la oposición, pueda ser aprovechada por extremistas, civiles o militares retirados, que soterradamente propugnan ‘soluciones’ del todo inconstitucionales, y encima utilizando para ello la figura inocente del Rey.

Mala cosa, y el propio Sánchez lo ha dicho alguna vez, que la figura del Monarca -y la Constitución desde las calles- sea apoyada solo públicamente por la derecha y de manera más vibrante por la ultraderecha.

Por eso es tan importante que el líder del socialismo actual mantenga su palabra de fidelidad tanto a la Carta Magna como al jefe del Estado, aunque las hemerotecas nos hablen de la escasa credibilidad del presidente a la hora de cumplir sus promesas.

Y es importante porque el socio minoritario de su Gobierno no tiene empacho en afirmar que quiere derribarlos, al texto legal y al Rey; y no digamos ya los partidos que apoyan al Ejecutivo.

Ya hace dos años, cuando las solemnidades del 40 aniversario, pudimos escuchar a Pablo Iglesias, a su llegada al acto conmemorativo en el Congreso, denigrar los aspectos ‘monárquicos’ del texto constitucional. Y, desde entonces, parece que el señor Iglesias ha ido prosperando en sus ambiciones políticas...

No me cabe duda de que la cobardía y la pereza de generaciones anteriores de políticos, que rechazaban cualquier intento de reforma lógica de este texto constitucional en lo que de ya desfasado pudiera tener y tiene, han compartido mucha culpa de que hayamos llegado hasta aquí.

La Carta Magna está para reformarla cuando las circunstancias cambien, y a fe que han cambiado no poco en estas décadas y más aún en estos últimos meses.

Una parte de la enorme crisis política que arrastramos desde hace cinco años -hablando de aniversarios, ahora se cumple un lustro desde aquellas elecciones que acabaron con cualquier mayoría suficiente en el Parlamento- se solucionaría con algunas modificaciones constitucionales en cuanto al régimen autonómico, a potenciar la Jefatura del Estado y acabar con algunos anacronismos, además de modificar sustancialmente la normativa electoral.

Hora es ya de una vez de empezar a defender con fuerza la Constitución emprendiendo una senda reformista de la misma, que la adecúe a nuestra realidad. Es tarea de preservación de una democracia pluralista que deberían emprender todas las fuerzas constitucionalistas de consuno, sin griteríos en las calles ni apropiación de banderas, y menos aún con proclamas golpistas.

Españoles, la Constitución está en peligro: acudid a salvarla.  

Constitución en peligro
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