09.08.2022 |
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El ‘caso Maritza’, hará perder a Sánchez

El ‘caso Maritza’, hará perder a Sánchez

CREO que jamás escuché a ningún compañero que Maritza Ruiz Mateos haya sido una buena directora de comunicación del PSOE. Mi experiencia personal al respecto es también bastante lamentable, pero irrelevante. Entendí siempre, porque los propios socialistas lo decían, que Adriana Lastra y ella, en lo que le tocaba, constituían una desgracia para el partido gobernante, y así lo debió entender también Pedro Sánchez, deshaciéndose de ellas con pretextos diversos.

Pero Maritza, amiga de juventud del presidente y su firme apoyo cuando a Sánchez le venían mal dadas, ha encontrado pronto acomodo como presidenta del Hipódromo Madrileño, un destino cómodo y bien pagado en una institución dependiente del Patrimonio del Estado que se ha convertido en casi un club de alta sociedad. Y, por cierto, es destino en el que parece que para nada hace falta saber de caballos.

Hay que hacer constar que el trabajo mal hecho, en la vida privada, lo pagan con el despido o la relegación. En la vida política, y conste que no hablo solamente del Gobierno de Pedro Sánchez, siempre hay alguna empresa pública con la que recompensar al cesado por su incompetencia o al que no hay otro sitio donde colocar. «Al amigo, el oro, al enemigo el plomo y al indiferente, la legislación vigente», decía aquel autócrata panameño, que, lógico, acabó mal. El mismo que nombró ministro de Obras Hidráulicas a un amigo, que le telefoneó, alarmado: «pero yo no soy ingeniero de obras hidráulicas», le dijo. «Pues ahora ya lo eres», respondió el autócrata.

He denunciado muchas veces los nombramiento de embajadores ‘políticos’ -el caso de Isabel Celáa en El Vaticano ha sido, y es, un clamor en ‘la carrera’- y los de altos cargos ‘amigos’ para las empresas públicas o semipúblicas. Lo que ha ocurrido con Indra debería haber sido un serio aviso acerca de lo que no debe consentirse en los manejos de nuestros representantes. Pero se ha hablado más del ‘caso Maritza’ que de otros quizá más escandalosos (aún). Y la oposición, que mira al dedo que señala la luna, y nunca a la luna, pues eso: a la luna de Valencia. A veces da la impresión de que están en la luna.

El pobre periodista que denuncia lo de la señora Ruiz Mateos recibe de inmediato el tatuaje de ‘alineado con el PP’. Cuando dices que la reacción de Isabel Díaz Ayuso ante el (lamentable) decreto de ahorro energético ha sido desacertada, excesiva y chulesca y que no debería haber sido apoyada por su partido, siempre hay voces, y no solo en las exacerbadas redes sociales, que te tachan de ‘pesebrero’ de La Moncloa. Y uno, en realidad, cree que solamente cumple con su deber denunciando lo que a muchos, la mayoría, les parece que está mal. ¿No era esa la esencia del periodismo?

Hablé del ‘dedazo’ en las empresas públicas cuando Felipe González, cuando Aznar, cuando Zapatero, cuando Rajoy y, ahora, me veo forzado, por los imperativos de la profesión que escogí, a señalar casos semejantes en la gobernación de Sánchez. Lo que ocurre es que lo de este último es más flagrante, sin disimulos, seguro de lo que hace y sin remordimiento: entre el pésimo manejo del ‘caso Pegasus’, el ‘decretazo energético’, la ‘secretaria de Estado Lilith Verstrynge’, la presidencia de Maritza Ruiz-Mateos y los ‘amigotes’ de Bildu harán que Sánchez pierda, pese a lo de la luna de Valencia, las elecciones. Y peor será cuanto más tarde tengan lugar, si el presidente/secretario general prosigue con su cadena, parece que imparable, de errores.

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