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El Diario de Cantabria

Biden no vota en España; Bildu sí

Biden no vota en España; Bildu sí

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OS ‘estados mayores’ de los partidos analizan en estas horas cada factor que pueda influir en el voto de los españoles dentro de dos semanas: cuánto puede impulsar la foto con Joe Biden el apoyo a las huestes socialistas de Pedro Sánchez o hasta qué punto muchos ciudadanos puedan sentirse desanimados por la alianza del Gobierno con un Bildu que ha vuelto a ofrecer una muestra de su falta de sensibilidad ‘contratando’ a candidatos que estuvieron unidos a ETA. Y la conclusión que he escuchado a no pocos expertos que estudian a fondo las ‘tripas’ de las encuestas es esta: la influencia de estos acontecimientos en el ánimo de los votantes es... escasa, casi nula. Me explico.

Un mundo dirigido por cuasi septuagenarios o incluso mayores que eso interesa poco a los jóvenes que se incorporan a la consciencia política, que, por cierto, en España es baja, según muestran los más serios estudios demoscópicos: Biden es visto como un ser lejano y poco atractivo, y lo mismo ocurre con figuras como Putin, Xi Xinping, Christine Lagarde o, en otro orden de cosas, el propio Papa Bergoglio. En un planeta en vertiginoso cambio tecnológico, económico --aunque no tanto como se preveía al estallar la guerra en Ucrania-- y moral, los votantes menores de, digamos, cuarenta y cinco años se sienten poco atraídos por las propuestas ‘globales’ que puedan llegarles ‘desde las alturas’.

Y lo mismo podría afirmarse de la enorme polémica suscitada desde el error de Bildu presentando a cuarenta y cuatro candidatos que tuvieron relación con ETA. La banda del terror fue una pesadilla durante cuarenta años para todos, pero es, por doloroso que nos parezca, agua pasada para quienes no vivieron conscientemente aquellos años de plomo, secuestros e ignominia. Y son cerca de veinticinco millones los españoles entre dieciocho y cincuenta años que tienen, lógicamente en distinto grado según las franjas de edad, una sensibilidad diferente ante cuestiones que a sus mayores les producen indignación o pasmo. La brecha generacional, se constata, es ahora acaso mayor que nunca en las últimas cuatro décadas. Y eso se reflejará en los resultados electorales del 28M y más aún en los de diciembre: eso es lo que estudian los ‘cabezas de huevo’ de los estados mayores.

Ello quiere decir que los votantes, especialmente, los menores de treinta y cinco años, reaccionan mucho más ante estímulos ‘directos’, como subvenciones o incluso ayudas en el Interrrail, por ejemplo, que ante las grandes polémicas que consumen los titulares provocados por la pelea política. Y eso Sánchez lo sabe y lo maneja como solo puede manejarlo quien controla a placer y sin límite las páginas y dádivas del ‘Boletín Oficial del Estado’. Y, sin embargo, el voto joven, cuando existe, se dirige más bien a partidos situados en los extremos del arco político, Vox, Podemos, que al gobernante e histórico PSOE. Entre otras cosas, supongo, porque el respeto hacia la Historia es escaso, en las aulas y en las urnas.

Otra cosa es que los votante de sesenta años o más se sitúen en muy otro plano. No parece que la política exterior, bien ejecutada en general por el Gobierno, vaya a influir mucho en el voto, por más que la foto de Biden y Sánchez haya sido flor/portada de un día. Y puede que las candidaturas de Sortu/Bildu provoquen la indignación de menos de una semana, antes de que sea cuestión sustituida en la actualidad por otra quizá no menos impactante.

A los estudiosos de los partidos, a los politólogos que andan barajando datos de la escala poblacional, les da el pálpito de que lo que más puede mover al electorado hoy son cuestiones de talante, ese difícilmente mensurable grado de simpatía o antipatía personal que provocan los gobernantes. Y eso se puede calibrar, y se está haciendo, en términos de franjas de edad, de sexo y, por supuesto, de territorio.

Biden no vota en España ni aunque se rejuvenezca con esos calcetines con topos tan mostrados en su Despacho Oval. Bildu y su alianza con PSOE-Podemos sí puede influir según y dónde, por mucho que Sánchez, desde la Casa Blanca o desde Sevilla, haya condenado la candidatura ‘abertzale’. Pero pelillos a la mar: al presidente lo que le importa es ‘salir en la prensa’, dejando en un segundo plano a sus oponentes; él protagoniza, los demás, empezando por Núñez Feijóo, apenas reaccionan ante este protagonismo. Que hablen de ti, aunque sea bien, parecen pensar, no sé si equivocadamente, en La Moncloa. Y hoy por hoy, de quien más se habla, para bien o para mal, es del inquilino de La Moncloa. Los demás parecen figurantes en una obra en la que todos, queramos o no participamos: ¿habrá conejos en la chistera presidencial para alimentar los noticiarios de las próximas dos semanas?. Ahí está una clave de su pervivencia política.

Biden no vota en España; Bildu sí
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