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El Diario de Cantabria

Con mentiras no se arregla el mundo

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Con mentiras no se arregla el mundo

SI algo hay de cierto en estos días es que estamos viviendo en un mundo muy revuelto. No solo porque seguimos inmersos en la pandemia, sino porque más bien no sabemos cómo acabar con ella ni lo que ella, mientras tanto, está suponiendo para todos nosotros. Simplemente que no es nada bueno, porque con mucha frecuencia estas pandemias nos atacan por todos los lados: sanidad, economía, situaciones de pobreza... y mientras que para unos ataca, para otros les va solucionando la vida, mostrando su ignorancia, cumpliendo sus intereses y llenando sus bolsillos. Porque hay personas a quienes las malas situaciones les vienen muy bien. Donde unos pierden otros ganan.

Se acabaron los aplausos. El tiempo, en la medida en que va transcurriendo, nos va enseñando muchas de las cosas que antes hemos hecho. Seguro que os acordáis del ‘reloj de los aplausos’, que todos los días, de un modo puntual, sonaban a las ocho de la noche. Funcionaba perfectamente, haciendo que nos acordásemos de los héroes de nuestros hospitales, de médicos, enfermeras, auxiliares, limpiadoras, servicios públicos… que estaban dando todo por los enfermos. Tampoco nos olvidábamos de estos mismos enfermos, estábamos con ellos y eran nuestras personas predilectas. Pero el tiempo, que todo lo enseña, nos ha dicho que los único que se estaba haciendo era engañarnos a todos. Los aplausos lo único que estaban consiguiendo era que los fallos y los dineros que algunos ganaban y que debían ir en ayuda de los ciudadanos, se quedaba en sus bolsillos, y que, para muchos, la pandemia era un modo de vivir bien a costa de los que vivían en medio de sus dificultades y de sus pobrezas. Que nos tomaban el pelo con una comisión de expertos, que no existía pero que estos expertos eran los que tenía la responsabilidad y la culpa de todo lo que sucedía, pues de ellos se estaban fiando desde el ministerio de Sanidad. Y eso es lo que hemos ido aprendiendo con el tiempo.

La historia se vuelve a hacer presente. No quiero recordar lo que entonces pasaba para que se nos olvide la situación actual. La primera ola de la pandemia fue trágica porque nos llegó por sorpresa, al menos relativa, aunque ya estábamos avisados de lo que pasaba en el mundo, pero prefirieron los responsables mirar hacia otro lado. Si nos dijeron que apenas íbamos a tener unos pocos casos, hemos llegado a los veintisiete mil muertos (echad el doble y acertaréis), también nos quieren vender la segunda ola como una anécdota que ya pasará y que si conseguimos que no se solucione será por nuestra culpa y porque no hacemos caso a nadie. Porque desconocemos mascarillas y distancias sanitarias. Ahora hemos llegado a las guerras y enfrentamientos entre los que tienen que gobernar, que parecer ser que son los primeros que no hacen mucho caso, pero el que manda, simplemente por el simple hecho de mandar, es el que siempre tiene la razón.  Y si no la tiene, nos la quita a los que la podemos tener.

Para que las olas no nos lleven al tsunami. Si miramos al presente o al pasado reciente, a la historia que comenzó a notarse a mediados del mes de marzo, nos damos cuenta de la tragedia que hemos vivido y en la que todavía estamos inmersos. Ahora nos queda simplemente saber qué es lo que nos espera y como podremos sobrevivir. El futuro no parece muy halagüeño. Incluso se nos acercan los días difíciles de las vacaciones de Navidad, conllevar. Por eso considero que estamos en época de no bajar la guardia, por lo que nos puede llegar.

Pero también recuerdo aquella frase de la Biblia: la verdad os hará libres. Cuando entras en contacto con una persona, como ahora los gobernantes están dirigiéndose tanto a nosotros por la situación en la que vivimos, como también en otras ocasiones y con otros motivos, lo primero en lo que caemos en la cuenta es que no hay cosa peor que sentirnos engañados. Si vemos que alguien nos intenta engañar, aprendemos enseguida que ante ellos no hay confianza, que se dirigen a nosotros con mentiras y que por ello no sabemos lo que de verdad sucede y cómo tendremos que reaccionar ante esa situación que desconocemos.

Si queremos que lo que hacemos nos salga bien, hemos de tener confianza en quien nos está hablando y dirigiendo nuestras vidas. Porque no solamente intentan que nos creamos lo que nos dicen, sino que nos tienen como cortos mentales. Y estas situaciones de desconfianza nos está llevando a sentir que en la vida todo es engaño y que se aprovechan de nosotros. Olvidan que no somos personas con sus virtudes y defectos sino también con sus obligaciones, derechos y responsabilidades. Estamos corriendo el riesgo de que nuestra sociedad viva dividida. La justicia y los derechos no son iguales ni los mismos para todos. Nos dijeron que venían a servir al pueblo y los ejemplos que tenemos es que se están sirviendo de nosotros, que nos toca pagar sus sueldos y sus coches oficiales. Y muchos más casos que podríamos citar, pero que no lo creo necesario, pues solamente nos basta con leer las letras grandes de los periódicos para estar suficiente y tristemente informados.

¿Conseguiremos los humanos ser hermanos, o al menos no ser enemigos? No creo que estemos en el buen camino, pero es necesario, porque si no al final pagan más los justos que los pecadores. Y no es precisamente ese el cambio que el mundo de hoy necesita. Confiemos en que somos capaces de conseguirlo y luchemos por ello,

Feliz domingo.

Con mentiras no se arregla el mundo
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