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El Diario de Cantabria

Espera y esperanza en tiempos de crisis

La esperanza es una virtud que mueve la vida de las personas, nos quiere decir que podemos y debemos          mirar hacia adelante
La esperanza es una virtud que mueve la vida de las personas, nos quiere decir que podemos y debemos mirar hacia adelante
Espera y esperanza en tiempos de crisis

Una noticia nos sorprendía hace pocos días: la muerte de Don Juan Hormaechea Cazón, que fue alcalde de Santander y presidente del gobierno de Cantabria. A pesar de que sus honras fúnebres fueron en la intimidad personal y no en el Parlamento de Cantabria, como las de Rafael de la Sierra o Jaime Blanco, que también las merecían, lo más importante es el gran trabajo que desarrollo por Santander y por Cantabria. Sí que tuvo fallos, como todos, incluso aquellos que los quieren disimular, pero sus aciertos han sido casi únicos. Siempre se le recordará por el signo turístico de Cantabria que es el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, luchando contra todos los políticos que creían que era una locura y una pérdida de dinero e incluso contra los Altos Hornos de Vizcaya, que alegaban que el terreno era propiedad suya. Solamente una decisión política y judicial en la noche anterior a las elecciones, hizo que no pudiese renovar su cargo como presidente de Cantabria.

Tiempo de esperanza. Dentro de la historia de la pandemia del coronavirus, parece que ahora se va a dar un paso positivo. La vacuna y la derrota de la enfermedad parece que ya está cercana. Ahora nos hace falta confirmar si los resultados van a ser los esperados. No sabemos cuáles ni cómo van a ser, pero después de todo lo pasado, al menos nos queda la esperanza. Como toda situación de espera y de esperanza, siempre puede haber actuaciones que hacen que todo en lo que ponemos nuestra ilusión y nuestros deseos, vaya por otros caminos que no son precisamente los deseados.

Pero ya nos vamos dando cuenta de que la esperanza es una virtud que mueve la vida de las personas, nos quiere decir que podemos y debemos mirar hacia adelante, no ser víctimas de los desánimos ni de las desilusiones. La esperanza nos da la vida porque siempre nos va invitando a mirar y vivir en caminos nuevos. La esperanza nos dice que algo más de lo que hoy estamos viviendo es posible y que en el ser humano hay algo, un espíritu y una fuerza que nos hace superar a los seres sin razón y con escasos sentimientos. Nuestra vida está preparada para la superación la vida en la que estamos y para el encuentro con otro tipo de modelo y de vida, que siempre es posible.

Tiempo de espera. La espera es algo muy diferente al estar tranquilos y sentados porque hay algo que puede venir y que, para ello, por lo que vale, merece la pena estar atentos. La espera es una actitud que mueve a las personas a vivir porque sabe que más pronto o más tarde llegará todo aquello que esperamos. Y porque estamos esperando a que algo llegue, nos preparamos para que no pase de largo y nos podemos agarrar a eso bueno que esperamos. Y porque no sabemos que es lo que al final nos va a llegar, que no siempre es lo que llena nuestras esperanzas, hemos de estar preparados también para rechazar aquello que no es tan bueno para nosotros y que nos da la impresión de que siempre nos está acechando.

La espera es el tiempo de preparación para la esperanza. Es la verdadera cualidad y la gran virtud de los seres humanos.  Y todo porque lo bueno es posible y necesario para las personas. La espera es una virtud frágil. La puede destruir el ser humano cuando pone su esperanza en las realidades inhumanas, del poder y de la superioridad sobre los demás, cuando nos olvidamos que ser humanos es vivir el compromiso y la solidaridad con los otros. La espera fracasa cuando consideramos humano las realidades inhumanas. Cuando aceptamos cualquier cosa que nos llegue sin pensar si es bueno o no es bueno para nosotros. La verdadera espera nos llena de alegría porque sabemos que un mundo mejor, ese que esperamos, es posible.

Ahora es el problema de la pandemia el que nos absorbe. Cada día salen nuevas normativas que no somos capaces de entender por qué son tan necesarias como nos lo están haciendo creer. Y mientras vemos que los que tienen que buscar la solución están a lo suyo y no se preocupan de nada de lo nuestro. Es u n tanto extraño decir que Cantabria va bien y darnos a la vez datos de que esto no funciona. Y además se quedan tan frescos. No sabemos lo que está pasando, pero sí que, sea lo que sea, no es nada bueno. Nuestra espera se resiente y nuestra esperanza se pierde y de hace cada vez más oscura y dolorosa. Pero aquí estamos. A ver como acaba esto.

En dos días vamos a celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción, patrona de España. Ya solo nos queda rezar y poner nuestra confianza, nuestra espera y nuestra esperanza en la Virgen María, que un día nos dio a nuestro Salvador y que ahora, seguro, hará que nos salve en esta difícil situación. Muchos pueden decir que rezando no se arreglan las cosas, y les podemos dar la razón. Pero rezando nuestra esperanza crece y nuestra espera se fortalece.  Y esa es la mejor de las medicinas, porque hace que las otras, la vacuna cuando llegue, los sistemas de prevención para que no nos contaminemos… ya tengan un sentido para nosotros. Y solo podremos encontrar soluciones y poder curarnos cuando fortalecemos la espera y la esperanza, Que ella, nuestra Madre Inmaculada, nos ayuda y por ella nos dejemos ayudar. Todo saldrá bien.

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