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El Diario de Cantabria

Comenzando una nueva historia

Comenzando una nueva historia

Ya se ha formado  un nuevo gobierno y llega el momento, como siempre, en que aquellos que hemos votado en las elecciones y muchos de los que no lo han hecho, empecemos a tener nuestra visión de como han ido quedando las cosas.

Desde luego, no es el momento de juzgar todo lo que se va a hacer, pues  una semana dura muy poco ante aquellos famosos 100 días de confianza que de dan a cualquiera que empieza una actividad pública. Días que consideramos suficientes para ir pensando como pueden ir las cosas en el tiempo que les puede quedar de su trabajo político.

Nosotros en estos momentos solo disponemos de aquello que han ido diciendo en sus mítines políticos, y más o menos prometiendo sin conocer el panorama con el que se iban a encontrar. No sabemos si lo que se  ha ido  prometiendo en esto momentos se encuentra en situación de ser llevado a cabo. O si  han de cambiar de actitud ante la realidad que la sociedad y la economía les permiten. Como os decía el domingo pasado, también para nuestros políticos, del dicho al hecho hay un buen trecho. Por eso yo ahora me fijo en los datos primeros que, para la reflexión, nos están dejando entrever de la nueva realidad que se va construyendo en nuestro país.

De lo prometido a  lo cumplido. Siempre es fácil comenzar el camino y las tareas que se  han prometido en una nueva situación a la que nos enfrentamos. Pero también hay un peligro: lo que hemos de hacer no es la tarea de un solo día sino que al menos tiene que durar cuatro años que es el tiempo que se da para el desarrollando la legislatura que ha sido votada. Y las realidades del mundo van cambiando  continuamente y no siempre podemos prever lo que nos espera. Porque en este mundo no estamos solos ni somos una fuerza social o económica que pueda gobernarlo. Los grandes países, sus enfrentamientos y guerras, sus producciones y ganancias económicas, nos ponen en una situación de dependencia. Sube el petróleo, muchas veces  no por el valor del crudo sino por los enfrentamientos sociales y políticos de sus productores, y así nos colocamos delante de una situación que continuamente nos acecha y  nuestras producciones económicas empiezan a  pasar dificultades y los obreros a ver tambalearse sus puestos de trabajo. Y todo el progreso prometido no puede ser llevado adelante. Y con ello, comienzan a surgir  otros problemas sociales a los que hay que dar una solución en situaciones muy difíciles. Y no olvidemos que también en el siglo en el que vivimos sigue pudiéndose aplicar aquello de que ‘poderosos caballero es don dinero’. Y quien manda de verdad son los poderes económicos, los bancos que custodian el dinero y que no se encuentran ahora precisamente en buenas situaciones. 

Así comienza este camino. Pero antes de llegar a estas situaciones posibles a lo largo de estos cuatro años, aun nos podemos encontrar con un inicio y saber que lo que mal empieza mal acaba.  Pensamos en un excesivo número de ministros, pero necesarios cuando lo  que se busca no es el bien de un país sino el bien propio. Porque ello se traduce en una serie de secretarios, subsecretarios, directores generales… en  una pérdida y mal gasto de dinero en tiempos que no sobra. Pero  hay que mantener una situación política y un presidente que tiene necesidad de muchos de los partidos políticos que le apoyen en estos años. Y todo ello a cabo de un poder y de un casoplón. Luego vamos conociendo otras realidades que se quieren implantar. Señalamos algunas. Por un lado está la eliminación de la religión como un servicio social formativo y por ello con la necesidad de que se quite de las escuelas y de los servicios hospitalarios. Tendremos que creer sólo lo que nos pida el gobierno  y mantener nuestras culturas y tradiciones solamente si  nos dan permiso. Parece ser que la religión es mala para la persona, pero este principio no es real si aquellos que practican la religión son musulmanes o de cualquier otra religión, que no seamos los cristianos. Y es ahora cuando a los creyentes católicos  nos toca vivir con fuerza y con testimonio de nuestras comunidades, la fuerza de un amor de Dios para todos. Yo el único miedo que tengo es que no podamos cuidar de los pobres y  necesitados, porque me da la impresión, y ojalá me equivoque, que ellos son los que más van a perder en nuestra sociedad, si la Iglesia se ve abocada en una situación en la que se la quiere dejar de lado. Es muy importantes conservar la cultura de nuestro pueblo, mucha de ella manifestada en las obras religiosas, pero mucho más importante es que los pobres se vean acogidos y valorados como personas en nuestro mundo.

También a mi me preocupa que después de mis estudios de Sagrada Escritura y de enseñarla en el Seminario Diocesano  y en el Instituto de Teología de Santander, al final quien aparezca como especialista en Biblia sea una ministra, que no se cuales son sus estudios pero si que muestra una gran ignorancia y busque traducir el texto sagrado del hebreo y el griego al feminismo. Al menos es más divertida que ignorante. 

Y no digamos nada de la nueva situación social que se presenta con la valoración de quienes defienden a la banda terrorista de ETA o a la independencia de Cataluña. Algo muy necesario para intentar mantener un gobierno a costa de muchas víctimas y de muchos oprimidos por sus ideas y por sus derechos a manifestarse como miembros de una nación a la que pertenecen.

Iremos siguiendo  la pista y esperando que el sentido común nos haga avanzar en nuestra vida personal y social. A ver que va pasando.

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