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El Diario de Cantabria

Nunca un NO fue tan glorioso

Nunca un NO fue tan glorioso

El matiz eurófobo de las intervenciones de Santiago Abascal durante los debates de la reciente moción de censura bastaba, por sí solo, para justificar el rotundo “no” con el que se posicionó el Grupo Parlamentario Popular.

Hubo otras muchas razones para ni abstenerse ni apoyar la candidatura de nuestro, otrora, compañero de partido, a la Presidencia del Gobierno. Pero la antes citada, me parece la principal.

Europa. En el siglo XX, dique de contención contra el nazismo, primero, y el comunismo, después.

La Europa de Pericles. De los Reyes Católicos. De Kant y de Beethoven. La Europa que, refundiendo la tradición de nuestros mejores, renace de sus cenizas tras la Segunda Guerra Mundial y sienta las bases de un nuevo status quo cuya razón de ser es, precisamente, que no haya una tercera.

La moción de censura en nuestro sistema constitucional es constructiva. Lo que se ventilaba en el hemiciclo no era otra cosa que el derribo del Gobierno socialcomunista que preside el nefando Pedro Sánchez y la elevación de Santiago Abascal a la condición de condotiero de las Españas. “Sí” a lo primero y “no” a lo segundo es igual a un NO con mayúsculas.

No es tiempo para actitudes conspiranoicas; para golpes de timón hacia el radicalismo; para la desconexión con la Europa que, tiempo ha, edificamos y lideramos.

En el fragor de la batalla, el Partido Popular mantiene su posición de centro-derecha. La que llevará a Pablo Casado a La Moncloa.

Casado dijo “no”. Y de qué maniera. Con finura y con firmeza. No es casual la casi unánime alabanza de los medios de comunicación de uno y otro signo. La pieza oratoria pronunciada en el Pleno de la Cámara pasará a la Historia como aquel discurso pronunciado en la encrucijada más peligrosa de nuestro reciente devenir. Hubo tono, tempos certeros, estocadas finísimas. Fondo y forma. La política también es puesta en escena. Nunca antes nuestra particular ovación fue tan sincera.

La irresponsabilidad de Abascal ha tenido el final que cabía esperar: reforzar al Gobierno de Sánchez e Iglesias. El minuto de gloria; el ávido deseo de poder; el cálculo partidista… no. Nada de ésto justificaba una apuesta cuyo resultado se conocía de antemano.

Cuando se trata de España, incluso el empleo de la argumentación ad hominem está justificado. Señor Abascal, usted se lo ha buscado. Nadie puede creer que tenga la piel tan fina como para dolerse de las legítimas invectivas que ha sufrido.

Cuando el envite es el destino de nuestra patria, el fin justifica los medios, siempre y cuando éstos se reduzcan al marco de las reglas de la oratoria, que Pablo Casado en ningún momento abandonó.

La moción ya es pasado. El futuro se escribe a golpe de presentes. La solidez y claridad de ideas del discurso de nuestro presidente es la semilla de un nuevo tiempo. Que, por otra parte, se construye con el ADN del Partido Popular: democracia y europeísmo.

La Historia nos contempla. Con perspectiva se escribirá el relato de este día histórico en que Pablo Casado y el Partido Popular salvaron a España con un “no”. Nunca un “no” fue tan glorioso.

Nunca un NO fue tan glorioso
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