Zapatero: otra gran mentira del sanchismo

El ilusionista que, después de incendiar medio teatro con sus trucos fallidos, vuelve años más tarde presentado como el bombero que salvó el edificio.
El ilusionista que, después de incendiar medio teatro con sus trucos fallidos, vuelve años más tarde presentado como el bombero que salvó el edificio.

Pedro Sánchez volvió esta semana al Congreso convertido en algo más que un presidente acosado por la corrupción, los escándalos y la descomposición institucional de su Gobierno. Compareció como lo que realmente es ya el sanchismo: una gigantesca maquinaria de propaganda dedicada a reescribir la realidad delante de los españoles.

Y lo hizo pronunciando dos mentiras monumentales sobre José Luis Rodríguez Zapatero.

La primera: que el expresidente «sacó a España de una guerra ilegal en Irak».

La segunda: que «acabó con ETA».

Ninguna de las dos afirmaciones es verdad. Ninguna. Aunque el PSOE lleve veinte años intentando convertir ambas en dogma oficial mediante la repetición constante, el control del relato y la explotación emocional de la memoria colectiva.

Zapatero no sacó a España de Irak como un héroe moral enfrentado al mal. Lo que hizo fue utilizar el trauma nacional del 11-M para construir una gigantesca operación política basada en la polarización, el sentimentalismo y la división entre buenos y malos. Aquella retirada precipitó además una crisis diplomática internacional de enormes dimensiones y convirtió la política exterior española en un instrumento ideológico al servicio de la izquierda más infantil y pancartera.

Y tampoco acabó con ETA.

ETA fue derrotada por la Guardia Civil, la Policía Nacional, los jueces, los servicios de inteligencia y la cooperación internacional. Fue derrotada por la resistencia de una sociedad española que soportó durante décadas asesinatos, secuestros y extorsiones sin rendirse jamás. Fue derrotada por las víctimas, no por quienes se sentaban a negociar políticamente con sus representantes.

Conviene recordar algo que el sanchismo intenta borrar constantemente: Zapatero abrió un proceso de negociación con ETA mientras la banda seguía activa. Hubo cesiones políticas, legitimación del entorno abertzale y humillación constante a muchas víctimas del terrorismo. La derrota de ETA no fue una concesión generosa del zapaterismo. Fue el resultado del trabajo de un Estado que llevaba décadas combatiendo al terror mientras parte de la izquierda buscaba atajos políticos.

Pero quizás la mayor falsificación histórica no sea ninguna de esas dos.

La gran mentira del sanchismo consiste en presentar hoy a Zapatero como una especie de referente moral y político, cuando en realidad dejó España sumida en una de las mayores ruinas económicas y sociales de su historia reciente.

Porque conviene refrescar la memoria.

Zapatero negó la crisis mientras el país se desplomaba.

Ridiculizó a quienes advertían del desastre.

Destruyó millones de empleos.

Llevó el paro por encima de los cinco millones de personas.

Hundió a la clase media.

Arruinó a miles de familias.

Disparó el déficit y la deuda pública.

Y terminó aplicando los recortes más duros de la democracia después de años presumiendo de “políticas sociales”.

El mismo Zapatero que hoy reivindica Sánchez congeló las pensiones.

Recortó el sueldo de los funcionarios.

Subió impuestos en plena depresión económica.

Abarató el despido.

Incrementó el precio de medicamentos esenciales.

Y todo ello con el voto favorable y disciplinado de Pedro Sánchez, entonces diputado socialista y miembro obediente del aparato que hoy pretende presentarse como salvador de los trabajadores mientras exprime fiscalmente a una sociedad agotada.

Ésa es la verdadera herencia del zapaterismo.

No la paz.

No la prosperidad.

No el progreso.

Sino una mezcla devastadora de desempleo masivo, propaganda ideológica, fractura territorial, deterioro institucional y populismo emocional.

De aquellos polvos vienen estos lodos.

Porque Sánchez no surge de la nada. Es el producto político perfecto del laboratorio de Zapatero. Su evolución natural. Su versión más radicalizada y más peligrosa.

Zapatero abrió la grieta moral e institucional que dividió España en bloques irreconciliables. Sánchez simplemente ha decidido vivir dentro de ella y convertir esa fractura permanente en su única forma de supervivencia política.

Por eso ahora el PSOE necesita falsificar el pasado. Porque si los españoles recuerdan cómo terminó realmente el zapaterismo, entenderán mucho mejor hacia dónde conduce inevitablemente el sanchismo.

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