El sanchismo salva los muebles, pero sigue perdiendo, gracias a Dios

El sanchismo, salvo los muebles pero sigue perdiendo.

Las últimas elecciones vuelven a confirmar una tendencia que el aparato propagandístico del Gobierno intenta disimular: el sanchismo puede resistir, puede maquillar los resultados e incluso celebrar que el golpe no ha sido definitivo, pero la realidad electoral sigue moviéndose en su contra.

En Castilla y León, como antes en otros territorios, la izquierda ha evitado el desplome absoluto. Ha salvado los muebles, como se dice en el lenguaje político. Pero salvar los muebles no es ganar. Es simplemente retrasar una derrota que continúa acumulándose elección tras elección.

Los números hablan por sí solos. Más de la mitad del electorado sigue apostando por fuerzas situadas a la derecha del PSOE. Partido Popular, Vox y candidaturas provinciales configuran un bloque político que, sumado en unas elecciones generales, podría acercarse sin demasiada dificultad a porcentajes cercanos al 60%.

El desgaste del sanchismo

La razón de este desgaste no es un misterio. El sanchismo ha sustituido la política por la propaganda. Ha convertido el gobierno en una maquinaria de relato permanente, donde cada derrota se presenta como una victoria moral y cada retroceso como una resistencia heroica.

Pero la política real funciona de otra manera. Los ciudadanos comparan discursos con hechos. Y lo que encuentran es un país cada vez más polarizado, con instituciones debilitadas, con pactos que dependen del separatismo y con una agenda ideológica que muchas veces parece desconectada de los problemas cotidianos de la mayoría.

Una izquierda sin rumbo

El fenómeno es aún más profundo que la mera aritmética electoral. El sanchismo ha terminado por vaciar de contenido a la izquierda española. La ha reducido a una coalición de intereses coyunturales donde conviven el populismo, el nacionalismo radical y una socialdemocracia cada vez más irreconocible.

En lugar de proyectos económicos sólidos o reformas estructurales, el debate político se ha llenado de batallas culturales, revisionismo histórico y confrontación permanente. Una estrategia que puede movilizar a una parte del electorado, pero que aleja progresivamente a amplios sectores de la sociedad.

Salvar los muebles no es ganar

Por eso el resultado de estos comicios tiene un significado claro. El sanchismo logra resistir, pero no consigue cambiar la dirección del viento político. Puede evitar la debacle inmediata, pero no logra recuperar el terreno perdido.

La izquierda institucional intenta presentar cada elección como una victoria parcial. Pero la suma de todas esas victorias parciales dibuja una derrota de fondo: el agotamiento de un proyecto político basado en la polarización, el marketing y la dependencia de alianzas que fracturan el país.

La realidad política

La política, al final, tiene algo de matemática. Se pueden salvar los muebles durante un tiempo, se puede retrasar la caída, se puede incluso celebrar haber perdido por menos de lo esperado.

Pero los ciclos políticos existen. Y todo indica que el ciclo del sanchismo empieza a mostrar señales evidentes de desgaste.

Puede que hoy haya salvado los muebles. Pero sigue perdiendo.

Y, para muchos españoles, gracias a Dios.