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El Diario de Cantabria

El placer de la tristeza

El placer de la tristeza

El manual diagnóstico DSM-V, la diferencia de la depresión. Entre la tristeza y la depresión hay un espacio nutritivo y afectivo, que no es el estado fugaz y agudo de la tristeza, ni en el agujero negro de la depresión, ese lugar es la melancolía.

La melancolía, tristeza del tiempo que se va instalando en tu cuerpo y pide un rincón para vivir dentro de él a cambio de no interferir en tu vida diaria, permitirte disfrutar de las cosas; seguir viviendo pequeñas vidas, en la vida.

Como la campana que percute lentamente despidiendo a los que se van, está hecha de metales pesados, como los planetas más antiguos.

Ese lugar donde se vuelca el llanto y la violencia cotidiana, para  que puedan ser abrazados, triturados, acompañados, despedidos. Para que queden como esos mosaicos de piedras de las haciendas romanas en ruinas que visitamos como legado de historia íntima a los pies en el imperturbable suelo.

La melancolía está llena de acción emocionada hacia los nombres y las cosas que nos faltan.

Buenos días tristeza de Françoise Sagan y la Nada de Carmen Laforet son hermosas historias de melancolía, en mi archivo de  primeras lecturas.

Victor Hugo, definió la tristeza como la felicidad de estar triste.

A modo de una suma de tristezas, la melancolía, no agrede, ni niega, actúa como bálsamo y caricia, guarda como tesoros las experiencias. Escuchándola se evade la locura.

Es una estrella blanca, hecha de mucho tiempo, sin la incandescencia azul de las recién nacidas.

En la antigüedad, las emociones asociadas a este espectro estaban mal vistas, un ejemplo es lo que Seneca le dijo a un amigo: ``humillarte o deprimirte, te lo prohibo´´.

Sin embargo las tristezas de la melancolía, procuran un equilibrio saludable. Tu mente evoca escenas, como en una sala de cine, solo para ti, liberando un azúcar lento en la sangre.

La mente permite narrar la melancolía de todas las maneras que brinda el arte.

Según Platón, un Dios intentó separar el goce y el dolor y como no pudo los ensartó en un solo ser en la cabeza. Del goce y  el dolor de perderlo vamos haciendo melancolía.

En la representación teatral Mujeres de Carne y Verso, en cartelera en estos meses, de la Teatrería Ábrego, se hace homenaje a la poesía escrita por mujeres,entre los poemas de admiradas autoras se incluye éste que escribí para el poemario Caja de Musgo y Dragones,  habla de ese pulso continuo:

En todo lo que hacemos

para que nazca una mitología breve

mezclamos la vida con la muerte.

Para que sirve el dolor sino,

¿por qué siento esta carga sin el tacto?

si no hubiera mezclado el miedo y a alegría

no sabría.

No quiero una casa donde el placer no se abre paso

voy a echarla abajo.

Ayúdame con el trabajo,

retira tú también las muertes que guardamos.

 

El placer de la tristeza
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