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El Diario de Cantabria

Los frutos de la tierra

Los frutos de la tierra
Los frutos de la tierra
Los frutos de la tierra

"Porque queremos que se cumpla la voluntad de la tierra/ que da frutos para todos", dicen unos versos de García Lorca. «Heredarás la tierra y la verdad te guiará», recogen los Salmos 37:3-9 RVC: confía en el Señor y practica el bien. Eso nos dijeron, así nos educaron. Pero los frutos y las tierras están en tantos sitios en manos de depredadores implacables, que demasiada gente no tiene ninguna posibilidad de tener su legítima parte.

Si la maldición de la madre de Ricardo III, en representación de la madre tierra llegara a los monstruos que la envenenan... Pero esa culpa solo se siente en el corazón de un drama ‘shakespeariano’.

En nuestra realidad solo podemos informarnos de lo que pasa en el mundo para decidir y actuar en consecuencia, defendernos de maneras diversas.

¿Y para que queremos saber? ¿Cuánto queremos saber? ¿Queremos comprender, que decidan por nosotros, enfadarnos? ¿Evitar la angustia, el miedo y la incertidumbre con información contrastada?, ¿O bien preferimos aceptar la que nos pasan personas conocidas, estar de acuerdo con nuestro grupo de pertenencia, quedarnos con la que viene en cadenas anónimas de nuestros contactos?

Sabemos que la mentira es un arma desde el principio de las civilizaciones, que los datos completos no están a la vista, vemos con un ojo tapado; ¿cómo sacar conclusiones para una visión de conjunto? ¿No tenemos la visión panorámica del Panóptico de Bhentan, ese solo lo tienen las grandes Corporaciones de Sillicon Valley, que nos llaman a la población general ‘los normalitos’ y las empresas transnacionales que manejan el mundo.

Dependemos de la honestidad de los informantes. Cuando la realidad está manipulada por opinantes pagados por medios de comunicación con intereses particulares, se la reconoce porque suele ser de frase corta, repetitiva, machacante, destructiva, no desarrolla argumentos, se limita a insultar y tapar el turno de palabra de los demás.

Por una parte está lo que observamos y el análisis de los hechos y por otra está lo opinable donde se cocinan mentiras y propaganda. La habilidad de los que trabajan en la mentira es meterse en lo que observamos para decirnos que lo blanco es negro, sin dar explicaciones porque no sabrían por donde salir.

Tomar decisiones con lo que oímos al vuelo, no son precisamente decisiones, son repeticiones, frases hechas. Necesitamos todo el arsenal de datos, o el mayor número posible, sin manipularlos para enterarnos de lo que pasa.

Y ante los hechos tampoco es real la ilusión de la neutralidad ya que vivir sin connotaciones, prejuicios, sin implicación emocional, no es posible; hay que poner distancia, sí, para reflexionar con todo lo que se puede sobre la mesa. En estos tiempos mega-informados de ruido de discursos, relatos, mensajes, es como hacer abdominales, requiere espíritu de sacrificio, concentración, atención, no perder los estribos.

Los frutos de la tierra
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