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El Diario de Cantabria

El telar encantado

El telar encantado

A sí llamaba el neurofisiólogo y premio Nobel de medicina Scott  Sherrington, a lo que acontece en el cerebro. Hemos visto en las noticias un ejemplo recientemente en Marta, la española, enferma de Alzheimer, primera bailarina del ballet de Nueva York, en los años 60, sentada en su silla de ruedas, en un video grabado en el geriátrico donde vive desorientada del mundo, ella ha empezado un baile de pájaro con sus brazos,sus manos, su cabeza, al ponerle la música del lago de los cisnes, siguiendo la armonía con la maestría de sus años profesionales. De pronto nos ha regalado su identidad guardada en el cerebro. La complicidad profunda del cerebro con la música es una asociación en la que trabajó el neurólogo y escritor, Oliver Sacks, fallecido en 2015 y del que celebramos este año su aniversario. La UNED le dedica un seminario a propuesta del profesor de Cantabria, Germán de la Riva. Como invitada al mismo aportaré una ponencia al ciclo esta próxima semana. Lo haré relacionando su forma de acercarse a los pacientes con una metodología cualitativa, la misma que utiliza la psicología social, y como trabajaba con lo inconsciente y el arte.

Oliver Sacks, pone al paciente en el centro, a la persona como héroe de su complejidad clínica. el ser sintiente  en feed back con el  profesional, neurólogo en este caso, sin distancia terapéutica y donde el que observa va cambiando con lo observado.  Sacks establece una combinación de  psicoterapia con bases científicas, personal, intituitiva, de asociación de ``cosas en el contexto´´, con  elementos  de la química, la neurología, la filosofía de Hume, la medicina de finales del siglo XIX y principios del 20, de Breuer y Freud, padres de la psicoterapia de la indagación y curación por el habla. Si bien el concepto de salud mental y psicoterapia es tan antiguo que se describe ya en el mundo islámico en el siglo X y XII; así como el del poder de la música data de los tiempos más primitivos de la historia humana, Oliver Sacks, da un paso cualitativo desde las ciencias duras, utilizando ambas herramientas, lo que le llevó a ser llamado el poeta de la Medicina. Le gustaba la luz  amarilla que produce el tunsgsteno y la anaranjada del sodio. Enamorado de la tabla periódica, porque decía que la vida no tiene solo cuatro elementos sino muchos más.  Sacks, pensador de la globalidad, fascinaba pero también recibió críticas por su libertad de pensamiento y métodos de trabajo; sigue la linea de investigación de Freud, en cuanto a la importancia que da a la psicoterapia en el campo de la medicina, las asociaciones que hace el paciente al describir sus síntomas, la presencia de lo inconsciente en la enfermedad. Otra de sus herramientas es la músicoterapia, siguiendo a los egipcios y a los grandes filósofos de la antigua Grecia, como Pitágoras que hablaba de una música entre los astros y de que existe una armonía tanto en la música del universo como en la música del alma humana. O Platón que otorga a la música un carácter divino, capaz de dar placer o sedar; y Aristóteles que indaga en la influencia de la música en los estados de ánimo.

Oliver Sacks nos muestra la magia del cerebro en enfermedades que pueden cambiar la vida, y como compensa los déficits de forma creativa para desenvolverse funcionalmente; nos enseña que el médico puede sentirse el paciente y aprender de él, y como cada paciente establece una relación única con su enfermedad, que entender su sufrimiento es un imperativo para ayudarle o aliviarle mediante la escucha; también la enseñanza que puede aportar una enfermedad,  la importancia de los sentidos en el bienestar de la persona, y poder realizar terapias teniéndolos en cuenta. Sus libros son una fuente de conocimiento y literatura, únicas.También fue un gran viajero, en su libro Viaje a Oxaca, hace un apasionado registro de plantas y personas, con un especial homenaje a los helechos, esos seres prehistóricos que sobreviven a todo y  hemos visto desde la infancia fosilizados en piedras. El  mundo que nos muestra Sacks es poliédrico y abierto como La sed de vida, que no tiene casa, sino formas de alejarse de lo que ya ha muerto en la humedad de los helechos antes de las flores en la tierra.

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