Volvemos a la rutina política

Pie de foto:
La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, irrumpe en escena junto a los Reyes Magos durante un acto navideño, generando sorpresa y humor entre los presentes. / caricatura Ia
Pie de foto: La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, irrumpe en escena junto a los Reyes Magos durante un acto navideño, generando sorpresa y humor entre los presentes. / caricatura Ia

A falta de la festividad de Reyes, dedicada de manera especial a los niños, ya estamos instalados de nuevo en la rutina. Un año más atrás han quedado las fechas navideñas en las que los sentimientos, quizás escondidos, afloran en las cenas familiares como paso previo a la Nochevieja, en la que parece una obligación la máxima felicidad, la máxima alegría, aunque la procesión vaya por dentro.

Superadas estas fechas, siempre especiales, poco a poco volvemos a la rutina. A la rutina de nuestras vidas personales, esa en la que nos encontramos cómodos y seguros, y la rutina de nuestra convulsa vida política, que en este año que ahora comienza tiene un indestructible aroma electoral.

Las citas electorales están fijadas a excepción de Andalucía, cuya fecha Moreno Bonilla se la está pensando. Va a ser interesante, en el caso de que se cumplan los pronósticos y el PP sea la primera fuerza en todas ellas pero sin el apoyo suficiente para gobernar en solitario, sus acuerdos o desacuerdos con VOX van a ser objeto de múltiples miradas, aunque lo ideal sería que el PP, al igual que el PSOE, en su caso, no necesitara de apoyos externos que condicionaran más allá de lo razonable la gobernabilidad sin sobresaltos, sin ocurrencias, sin ideas peregrinas.

Lo menos que se puede pedir a VOX es menos altanería y más realismo para conocer su peso real respecto al PP, que en ningún caso debería hacer cesiones que necesitarán especial explicación.

En esta rutina ya casi estrenada, está trufada de asuntos judiciales que de una u otra manera afectan al PSOE y al Gobierno. En política nunca se puede decir nunca, porque siempre es posible todo, pero a priori todo parece indicar que en lo que afecta al Gobierno nada especial va a ocurrir.

Pedro Sánchez va a continuar, con o sin el apoyo del Parlamento, estableciendo así un precedente nunca visto en democracia. Feijóo se ha comprometido y repetido que él no es como Pedro Sánchez, pero le bastaría parecerse solo un poquito para que, si llega al poder, gobierne con tranquilidad.

Si no hay presupuestos, no pasa nada. Si se dan giros en política internacional y no se explican, aquí paz y después gloria. Y si le surgieran casos de corrupción, le bastaría hablar de contundencia, como si él pasara por ahí.

Y, por supuesto, si tiene una debacle electoral como la del PSOE en Extremadura, cero comentarios. Gobernar así, con esta falta de pudor y sin perder la sonrisa, es atributo de unos pocos entre los que Feijóo no se encuentra.

En esta rutina que poco a poco vuelve a instalarse en nuestro día a día, lo que sí es seguro es que no nos vamos a aburrir, al menos los que por profesión debemos seguir el acontecer nacional, porque la caja de sorpresas apenas si se ha abierto. Todo —y solo— es cuestión de tiempo.

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