El empleo en España se estanca y el paro no baja
El INE publicó esta semana la Encuesta de Población Activa relativa al tercer trimestre del año y dejó varios datos para la reflexión. Si bien es cierto que los ocupados están en una cifra récord, las horas trabajadas de media por semana apenas superan las 29 horas. Los contratos temporales e indefinidos a tiempo parcial siguen dominando el mercado laboral. Además, todo el empleo creado ha sido para extranjeros o personas con doble nacionalidad. De hecho, los puestos de trabajo de los españoles han descendido entre julio y septiembre en 36.400. La ralentización de la creación de nuevos empleos es un hecho, a pesar de que el trimestre ha sido espectacular para el turismo. El número de ocupados aumentó en 138.300 personas, apenas un 0,6% de variación trimestral. La creación de empleo se ha ralentizado un 26%, con 49.700 empleos menos que hace un año.
Si miramos los datos del paro, el freno en su reducción es aún más decepcionante. Apenas 1.200 personas salieron del desempleo en el tercer trimestre, lo que sitúa la tasa de paro sobre la población activa en el 11,2%, la más alta de toda la Unión Europea y muy lejos del "pleno empleo" al que dice el presidente del Gobierno que nos dirigimos. Tampoco fue bien el empleo entre los autónomos. En el último año se han perdido más de 89.000 autónomos, y de julio a septiembre, 1.000 al día. Si hablamos de paro juvenil, la situación es crítica: 53.100 jóvenes se fueron al paro en el tercer trimestre.
El pluriempleo y el número de inactivos siguen aumentando, distorsionando unas cifras que deberían hacer reflexionar al Gobierno sobre lo que está pasando en la economía. Si, como ha dicho la vicepresidenta Montero, España es el país que más crece del mundo (aunque esa afirmación es cuestionable), ¿cómo es posible que el desempleo no baje de los dos dígitos incluso en un trimestre de récord de actividad? Lo que no se menciona es que el crecimiento económico se debe en un 60% al consumo público, mientras que las empresas siguen enfrentando altos costes, impuestos e inseguridad jurídica. Esta es una preocupación manifestada recientemente por el Círculo de Empresarios, la Empresa Familiar y también por el FMI, que advierte que estas políticas están poniendo en riesgo los cimientos del crecimiento económico para los próximos años.