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El Diario de Cantabria

¿Cuándo prescriben las promesas?

¿Cuándo prescriben las promesas?

¿Cuánto tiempo ha de transcurrir hasta que un proyecto ilusionante decaiga, olvidado en el ático de las cosas por hacer, al que tan solo se recurre en periodo preelectoral?

¿Cuál es el número de negocios cerrados, de carteles de se alquila, de sueños de futuro caducado y ya en venta que ha de soportar una comunidad antes de que se tome  conciencia de tanto sacrificio y se acometa la acción?

A día de la fecha, estas cuestiones no parecen tener respuesta. Y únicamente hay silencio. Tan solo vacío.

Desde 2 011 en Torrelavega no sucede nada, que no sea el desmantelamiento progresivo de un entramado productivo y social del que ya apenas quedan los vestigios de los recuerdos y las nostalgias. Unas fotografías cada vez más ajadas.

Tan solo un par de ampliaciones, una en un instituto, la otra en un hospital, es el bagaje del que ha hecho acopio este municipio en toda una década ¿O acaso ha habido algo más? No, si exceptuamos fastos, presentaciones multitudinarias, infografías tres D a todo color, publicidad y propaganda.

El modelo seguido fue el que marcó el modus operandi en el Plan de Reindustrialización de la Comarca del Besaya ¿Se acuerdan? El proyecto se presenta con boato y abundante profusión de medios. Hay instantáneas a retaque de autoridades y hasta se crean partidas presupuestarias. Todo bien, casi convincente.  Después llega la realidad. Una sucesión de “peros”, de “esques”, de “ahora mismo no es el momento”, de “la situación requiere de otras prioridades”… Y las partidas presupuestarias se deshinchan en fugas de fondo a otros objetivos distantes, casi remotos. El proyecto se esquina, se aparta. Y al final, lo ya avisado. El vacío. Si acaso unas fotos ajadas.

¿Les suena?

Año tras año se anuncia la resolución de carencias significadas de la ciudad y, año tras año, éstas mantienen su condición como objeto de debate dentro de la actividad política y presencia nula en la realidad.

El Polígono Empresarial de Las Excavadas, tantas veces dado por resuelto y del que ya apenas se sabe nada; el Centro Logístico en La Hilera; El Palacio municipal, que, a este ritmo de ejecución de la rehabilitación, y al igual que hizo la Peñona de Caranceja, cumplirá su amenaza y terminará por desplomarse; el Centro de Emprendimiento regional; la ampliación del Campus Universitario, la finalización de las obras en la Plaza de Abastos; La Lechera como espacio para reubicar las escuelas municipales de Artes Plásticas, Folclore, Circo, entre otras, y acoger la Colección Norte; el Conservatorio; la segunda piscina…

La Situación de alerta sanitaria provocada por la epidemia de Covid 19, y que ha supuesto la total alteración de todos los parámetros de la vida tal y como la conocíamos, ha significado una suerte de bálsamo de aplicación generalizada para justificar inacciones, lapsos, negligencias. La crisis es real, incontestable, pero el mundo sigue girando y las respuestas a los vecinos no deben de demorarse por más tiempo. Quizá haya que buscarla en Europa, optando ayudas para proyectos tecnológicos, por que un banco gigante y unas letras de colores no parecen la solución que necesita esta ciudad.

¿Cuándo prescriben las promesas?
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