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El Diario de Cantabria

Eutanasia: igualdad, libertad y dignidad

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Eutanasia: igualdad, libertad y dignidad

La Ley de Eutanasia acaba de convertirse en una realidad en este mes de diciembre de 2020, en España. Así pues, nuestro país se convierte en el séptimo del mundo en dotar a sus ciudadanos del derecho a no sufrir en sus últimos momentos de vida, en definitiva, se reconoce el derecho a una muerte digna. El camino ha sido largo y lleno de obstáculos, en una sociedad que va mucho más por delante que la política.

La humanidad y la ética se dan la mano para acercarnos a “un nuevo derecho individual”: el derecho a la eutanasia.

Es importante que las personas tengamos el derecho a tomar decisiones fundamentales sobre el final de nuestra vida, a evitar sufrimientos innecesarios después de haberlo intentado todo, y no tener que seguir nadando y nadando para no llegar a la orilla, porque la medicina y la ciencia no llegan.

Esta ley nos pone al alcance una muerte digna y en el ejercicio de nuestra voluntad está el usarlo o no; será nuestra libertad personal la que decida, y por lo tanto nos ofrece igualdad, libertad y dignidad.

Ley que vuelve a poner a España en la vanguardia del reconocimiento de derechos, convirtiéndonos en el cuarto país de Europa en regular el derecho a una muerte digna, después de Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo (en Suiza se permite el suicidio asistido). Volvemos a situarnos del lado correcto de la historia, como ya lo hicimos en 2005, siendo el tercer país del mundo en legalizar el matrimonio igualitario. Y sabemos que, como ya ocurrió hace 15 años, muchos más países irán paso a paso reconociendo el derecho a la muerte digna.

Pero somos conscientes de que, como en otras ocasiones, una minoría muy ruidosa intentará poner sus criterios ético-religiosos por encima de la libertad individual. Por ello no nos sorprende que, a pesar de que dos tercios de los votantes del Partido Popular y tres cuartos de los de Vox estén a favor de la eutanasia, los líderes partidos de ambos harán todo lo posible para obligar que la gente siga sufriendo sin necesidad y evitar que tengan una muerte digna.

Se podría decir que casi todo empezó a mediados de los años noventa en una aldea gallega, donde Ramón Sampedro, nacido en 1943, y tras un accidente en unas rocas a los 25 años, queda tetrapléjico. No podía suicidarse sin ayuda y solicita que los médicos pudieran recetarle fármacos que le permitieran morir. Los juzgados y el Tribunal Constitucional denegaron su petición, lo que le obliga a implicar a otra persona para lograr su objetivo un 12 de enero de 1998.  El gallego que sigue siendo un referente de la lucha a favor de la eutanasia.

El doctor Luis Montes, abanderado de la muerte digna y presidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), luchó por imprimir a la práctica de la medicina un carácter progresista y de servicio público. Para él era una cuenta pendiente de la sanidad pública: “la muerte digna”. A raíz de esto, el PP de Madrid puso en marcha contra su persona una auténtica caza de brujas, acusándole implícitamente de decenas de muertes por sedaciones ilegales. En 2007 fue absuelto.

Desde el caso de Ramón Sampedro, o el del doctor Montes en Leganés, hubo más conciencia sobre lo que es ayudar a morir. Sin ninguna duda, las cosas han cambiado mucho para reconocer el derecho a una muerte digna.

Hoy somos un poco más libres, muchas gracias a todas las personas que lo habéis hecho posible.

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