¿A quién dispara Vox cuando apunta a Sánchez y golpea al Rey?
En muy poco espacio de tiempo, Vox ha reiterado una actitud que, más allá de la excusa, bastante peregrina, de no acudir a actos institucionales si está Sánchez, acaba por dar la sensación de que hay una estrategia a más largo plazo: marcar primero distancia y, si luego se tercia, pasar a mayores confrontaciones. Porque resulta que sus borrados y desplantes, a quien en realidad han afectado no ha sido al presidente del Gobierno, sino al Jefe del Estado, el rey Felipe VI. Con alguna otra víctima colateral, como el Ejército o la Constitución.
La primera vez, y la más sonada —yo diría que también la más abstrusa— fue la de negarse a estar el 12 de Octubre, Fiesta Nacional y Día de la Hispanidad, en la tribuna donde los máximos líderes de las principales fuerzas políticas, y Abascal lo es de la tercera y de más de tres millones de votantes a los que representa, tienen el derecho y, yo diría, también la obligación de estar. Me pareció una impostación que agravió tanto a las Fuerzas Armadas, desde el general al mando hasta el último soldado. A ello se añadió no acudir a la recepción del Palacio Real y unirse, en tal opción, a la parva de separatistas y otros pelajes extremos que hacen de ello ostentación de repudio y rechazo a lo que representan y a lo que ellos, desde los albaceas de ETA a los separatistas catalanes, aborrecen el tener que pertenecer. Entiendo que Abascal, no. Pero es con tales con quienes se emparejó.
Igual en fechas muy recientes: el 50 aniversario de la reinstauración de la Monarquía Parlamentaria y el 47 aniversario de la Constitución. Misma jugada, comodín Sánchez, y feo cada vez menos camuflado al Rey y a la Carta Magna en la que se sustenta nuestro sistema democrático. Y de nuevo la pregunta:
¿A quién apunta Abascal? ¿De verdad que a Sánchez?
No quiero suponer que a quien, aunque sea de rebote, es a quien le da. Pero que los perdigonazos le acaban por alcanzar a él, es una obviedad.
Sube un punto más la preocupación cuando uno desciende a las cenagosas redes y se encuentra que las tropas más enfebrecidas de sus legiones en tales piélagos ya no se cortan nada a la hora de dirigir su carga —en muchas ocasiones cuajada de insultos— contra el rey Felipe, de quien han comenzado a hacer objetivo recurrente.
Desde luego, sería injusto cargar estos desbarres a las espaldas del máximo líder de Vox, de quien al respecto no se puede mostrar ninguna prueba ni nada documentado que pudiera respaldar tales campañas contra el monarca. Tal vez en ciertos personajes de la cúpula del partido, cada vez más preminentes, sí que han aflorado en más de una ocasión. Todas las más diversas y rancias familias falangistas siempre han alardeado de no tragar con la monarquía y menos aún a los borbones. Y algunos hay que han cambiado el azul escuadrista por el verde Vox.
Pero no quiero resbalar por el barrizal. Vox es mucho más que eso en la España actual, y negarlo es una cegata estupidez. Lo que está en el ánimo esencial de lo escrito es una sencilla y no torticera petición de reflexión, ante todo dirigida al propio Abascal.
Es patente la cantidad de enemigos poderosos que el rey Felipe tiene. Muchos de ellos ni se recatan, aun estando en el Gobierno. Y con el presunto "amigo" Sánchez a su lado, hasta ellos son los menores. Don Felipe está bastante solo y encima rodeado de quienes no solo no lo quieren, sino que aún detestan más a España y a lo que significa y es como Nación.
¿Qué sentido tiene participar —y en cierta manera unirse— a la cacería, aunque sea desde exactamente el otro extremo de la "mancha", y en qué puede beneficiar a la Nación española y a los ciudadanos que aún creen en ella, el debilitar a la Corona en este preciso momento?
¿Se ha hecho esta pregunta Vox?
Pues quizás sea ya momento de hacérsela. Y exigir verdad en la respuesta.
Para mentir ya tenemos al campeón mundial.