Del Sí es Sí a la pulsera de baratillo

La ministra podemita Montero convirtió el Ministerio de Igualdad en el cortijo del "hembrismo". / A.E
La ministra podemita Montero convirtió el Ministerio de Igualdad en el cortijo del "hembrismo". / A.E

La ministra podemita Montero convirtió el Ministerio de Igualdad en el cortijo del "hembrismo" más desatado. Aquello de igualitario no tenía ni una raspa y el varón y sus derechos eran pisoteados doctrinariamente. Su gran alumbramiento fue la tan cacareada ley del Sí es Sí que resultó un guisote pútrido cuyos resultados fueron más de 1.200 rebajas de condena y cerca de 200 excarcelaciones de violadores y todo tipo de delincuentes sexuales.

Se había avisado, una y otra vez, de que aquello iba a suceder y no hicieron ni caso. Y cuando comenzó a aflorar la ristra de casos lo ocultaron, lo negaron y se resistieron a admitirlo. La ley, por cierto, era tan de Podemos como del PSOE, pues la aprobaron todos. Pero al final, para poder modificar el disparate, tuvieron que ser los votos del PP los que lo permitieran, pues Montero seguía empecinada. No solo eso, antes de irse dejó otra perla, también con beneplácito del PSOE, la ley Trans, donde quien ha acabado por ser la cancelada ha sido la propia mujer, convertida en "ser menstruante".

Sus tóxicos frutos, como violadores asesinos diciendo que son mujeres para escapar de la justicia, también se esconden y se tapan. Pero de un tercero de sus legado nos hemos enterado ahora. La última contribución de doña Irene y su parva, fue la de sustituir las pulseras que los maltratadores debían llevar para su control y protección de sus víctimas por unas de baratillo. Había que hacer como que se ahorraba en algo para no tener que escatimar en asesores, prebendas y enchufes, y se las mercaron de AliExpress, no sé si en algún chino.

La nueva ministra, esta del PSOE, Redondo, no tardó en empezar a recibir avisos de que algo iba mal, pero hizo lo mismo que su antecesora: ni darse por aludida siquiera. Durante largos y largos meses los incidentes se sucedían y también las quejas. Pero como quien oye llover hasta que ha saltado el escándalo. ¿Y cuál es la respuesta? Pues primero que mentira, luego que nadie lo había denunciado y después que no ha sido nada, que un par de casos, como los que Simón dijo que iba a haber de COVID. Vamos, que un par de ellos como mucho.

Y en ello están enrocados. Por más pruebas que se les presenten del fiasco y la tropelía cometidas, de la miserable cicatería con lo imprescindible y necesario para protección de las víctimas y de las situaciones de indefensión provocadas y donde ya afloran casos graves y hasta de un asesinato que tal vez se hubiera podido haber evitado.

En ambos casos, por aquella y por esta, la misma respuesta: la negativa absoluta a asumir responsabilidad alguna y mentir y escurrir el bulto a ver si pasa y que aquí no se hable de otra cosa que no sea Gaza. Pero los hechos son tozudos y más que lo seguirán siendo, y en lo que concluyen es que la una, Montero, y la otra, Redondo, supuestas ministras de Igualdad, cima del ultrafeminismo y la megaizquierda empoderada, al cabo en lo que culminan ambas es en ser el gran chollo de violadores, maltratadores y toda la tropa de delincuentes sexuales. No tienen vergüenza ni la conocen.

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